Solidarios con el profesor Juan Masiá
No al despotismo y a la obediencia ciega
Identificados con el espíritu del Vaticano II que nos enseña que "no hay
nada verdaderamente humano que no tenga resonancia en nuestro corazón" (GS 1), nos sentimos profundamente solidarios con nuestro hermano Juan Masiá,jesuita y distinguido profesor en su labor de iluminar los problemas de nuestro tiempo a la luz del Evangelio y de la Ciencia, y recientemente maltratado y humillado arbitrariamente.
Con razón el Vaticano II, "lamenta que los derechos humanos de la persona no sean respetados todavía íntegramente en todas partes" (GS, 29) reafirmando de una manera especial que "la autonomía de lo terreno, con su método propio en cada una de las ciencias o artes y realizada en forma científica y conforme a las leyes de la moral, es absolutamente legítima, conforme a la voluntad divina y nunca se opondrá realmente a le fe" (Cfr. GS, 36).
Hace apenas dos años, Juan Masiá reconocido por su docencia y
testimonio en el Japón, fue destinado a la Universidad de Comillas por sus
superiores, con el fin de hacerse cargo de la Cátedra de Bioética y ejercer
la docencia en dicha Universidad. Sus análisis y opiniones relacionados con
estos temas y con la situación de la Iglesia española fueron apareciendo en
diversos medios. Autoridades eclesiásticas de Roma y de Madrid comenzaron a ejercer presión sobre su Superior Provincial y el Rector de la Universidad
con el fin de apartarle de su cargo y responsabilidad docente. Las presiones
tuvieron su efecto. El Rector pidió a Masiá que modificase sus tomas de
postura, orales y publicadas, en algunos temas de bioética y no las
divulgara en los medios de comunicación. Ante la contestación del autor de
sentirse imposibilitado a esta modificación y obligado "a prestar su ayuda
a aquella parte de la Iglesia que trata de caminar por la línea del
Vaticano II, Juan XXIII y Pedro Arrupe, dando prioridad a la pastoral más
que a la política eclesiástica, a la misión más que las instituciones, al
ad extra que al ad intra", el Rector tomó las dos decisiones de cesarlo en
la Cátedra de Bioética y en sus servicios en la Universidad.
Fieles al espíritu del Evangelio, ratificado en la doctrina del
Vaticano II, y desde una triste experiencia repetida y multiplicada en el
posconcilio, nos sentimos obligados a denunciar el procedimiento seguido
con el profesor Masiá, destituido por acusaciones anónimas e
injustificadas, por manipulaciones tramadas a su espalda, sin haberle
comunicado nada por escrito, ni haberle escuchado ni dialogado con él y,
lo más doloroso, por haber sido castigado con el consentimiento y decisión
de sus superiores.
Todo esto revela, una vez más, la arbitrariedad e impunidad autoritaria
del sistema eclesiástico y, correlativamente, la debilidad y cobardía de
quienes lo secundan. Nos resulta escandaloso que los mismos que destinaban a§l profesor Masiá para esas tareas universitarias, sean ahora los que acepten — con obediencia antievangélica — un mandato inmoral. La historia nos demuestra que estos abusos tienen su raíz en la maniobra de sustituir la solución de un problema, propiamente doctrinal y que debiera
esclarecerse por métodos científicos de respeto, colaboración y diálogo,
por apelación al mecanismo extrapolado de la obediencia.
"Sabéis, nos dice el Evangelio, que los que figuran como jefes de los
pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen, pero no ha de ser así
entre vosotros; al contrario, el que quiera subir, sea servidor vuestro y
el que quiera ser el primero, sea esclavo de todos" (Mr 10, 43-45).
Pedimos a quienes han presionado para esta injusticia, a quienes han
ejercido de protagonistas en su ejecución y a cuanto somos testigos de esta
lesión de la dignidad y derechos humanos, actuar en consecuencia, si
queremos de verdad que decisiones como ésta no perjudiquen más el honor y
credibilidad de la Iglesia.
Benjamín Forcano
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