V
CONFERENCIA GENERAL
DEL
EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE
DOCUMENTO
CONCLUSIVO
INTRODUCCIÓN
1.
Con
la luz del Señor resucitado y con la fuerza del Espíritu Santo, Obispos de
América nos reunimos en Aparecida, Brasil, para celebrar
2. Con alegría estuvimos reunidos con el
Sucesor de Pedro, Cabeza del Colegio Episcopal. Su Santidad Benedicto XVI, nos
ha confirmado en el primado de la fe en Dios, de su verdad y amor, para bien de
personas y pueblos. Agradecemos todas sus enseñanzas, especialmente su Discurso
Inaugural, que fueron iluminación y guía segura para nuestros trabajos. El
recuerdo agradecido de los últimos Papas, y en especial de su rico Magisterio
que ha estado también presente en nuestros trabajos, merece especial memoria y
gratitud.
3. Nos hemos sentido acompañados por la
oración de nuestro pueblo creyente católico, representado visiblemente por la
compañía del Pastor y los fieles de
4. El Evangelio llegó a nuestras tierras en
medio de un dramático y desigual encuentro de pueblos y culturas. Las “semillas
del Verbo”[1]
presentes en las culturas autóctonas facilitó a nuestros hermanos indígenas
encontrar en el Evangelio respuestas vitales a sus aspiraciones más hondas:
“Cristo era el Salvador que anhelaban silenciosamente”[2].
La visitación de Nuestra Señora de Guadalupe fue acontecimiento decisivo para
el anuncio y reconocimiento de su Hijo, pedagogía y signo de inculturación de
la fe, manifestación y renovado ímpetu misionero de propagación del Evangelio[3].
5. Desde la primera evangelización hasta los
tiempos recientes
6. Por eso, ante todo damos gracias a Dios y
lo alabamos por todo lo que nos ha sido regalado. Acogemos la realidad entera
del Continente como don: la belleza y riqueza de sus tierras, la riqueza de
humanidad que se expresa en las personas, familias, pueblos y culturas del
continente. Sobretodo nos ha sido dado Jesucristo, la plenitud de
7. La fe en Dios amor y la tradición católica
en la vida y cultura de nuestros pueblos son sus mayores riquezas. Se
manifiesta en la fe madura de muchos bautizados y en la piedad popular que
expresa “el amor a Cristo sufriente, el Dios de la compasión, del perdón y la
reconciliación (…), - el amor al Señor presente en
8. El don de la tradición católica es un
cimiento fundamental de identidad, originalidad y unidad de América Latina y El
Caribe: una realidad histórico-cultural, marcada por el Evangelio de Cristo,
realidad en la que abunda el pecado – de opresión, violencia, ingratitudes y
miserias – pero donde sobreabunda la gracia de la victoria pascual. Nuestra
Iglesia goza, no obstante debilidades y miserias humanas, de un alto índice de
confianza y de credibilidad por parte del pueblo. Es morada de pueblos hermanos
y casa de los pobres.
9.
10. Esta V Conferencia se propone “la gran
tarea de custodiar y alimentar la fe del pueblo de Dios, y recordar también a
los fieles de este continente que, en virtud de su bautismo, están llamados a
ser discípulos y misioneros de Jesucristo”[6].
Se abre paso un nuevo período de la historia con desafíos y exigencias,
caracterizado por el desconcierto generalizado que se propaga por nuevas
turbulencias sociales y políticas, por la difusión de una cultura lejana y
hostil a la tradición cristiana, por la emergencia de variadas ofertas
religiosas que tratan de responder, a su manera, a la sed de Dios que
manifiestan nuestros pueblos.
11.
12. No resiste a los embates del tiempo una fe
católica reducida a bagaje, a elenco de normas y prohibiciones, a prácticas de
devoción fragmentadas, a adhesiones selectivas y parciales de las verdades de
la fe, a una participación ocasional en algunos sacramentos, a la repetición de
principios doctrinales, a moralismos blandos o crispados que no convierten la
vida de los bautizados. Nuestra mayor amenaza “es el gris pragmatismo de la
vida cotidiana de
13. En América Latina y El Caribe, cuando
muchos de nuestros pueblos se preparan a celebrar el bicentenario de su
independencia, nos encontramos ante el desafío de revitalizar nuestro modo de
ser católico y nuestras opciones personales por el Señor, para que la fe
cristiana arraigue más profundamente en el corazón de las personas y los
pueblos latinoamericanos como acontecimiento fundante y encuentro vivificante
con Cristo. Él se manifiesta como novedad de vida y de misión en todas las
dimensiones de la existencia personal y social. Esto requiere desde nuestra
identidad católica, una evangelización mucho más misionera, en diálogo con
todos los cristianos y al servicio de todos los hombres. De lo contrario, “el
rico tesoro del Continente Americano… su patrimonio más valioso: la fe en Dios
amor…”[10]
corre el riesgo de seguir erosionándose y diluyéndose en crecientes sectores de
la población. Hoy se plantea elegir entre caminos que conducen a la vida o
caminos que conducen a la muerte[11].
Caminos de muerte son los que llevan a dilapidar los bienes recibidos de Dios a
través de quienes nos precedieron en la fe. Son caminos que trazan una cultura
sin Dios y sin sus mandamientos o incluso contra Dios, animada por los ídolos
del poder, la riqueza y el placer efímero, la cual termina siendo una cultura
contra el hombre y contra el bien de los pueblos latinoamericanos. Caminos de
vida verdadera y plena para todos, caminos de vida eterna, son aquellos
abiertos por la fe que conducen a “la plenitud de vida que Cristo nos ha
traído: con esta vida divina se desarrolla también en plenitud la existencia
humana, en su dimensión personal, familiar, social y cultural”[12]
Esa es la vida que Dios nos participa por su amor gratuito, porque “es el amor
que da la vida”[13]. Estos caminos de vida fructifican los dones de verdad y de amor
que nos han sido dados en Cristo en la comunión de los discípulos y misioneros
del Señor, para que América latina y El Caribe sean efectivamente un continente
en el cual la fe, la esperanza y el amor renueven la vida de las personas y
transformen las culturas de los pueblos.
14. El Señor nos dice: “no tengan miedo” (Mt
28, 5). Como a las mujeres en la mañana de
15. En esta hora en que renovamos la esperanza
queremos hacer nuestras las palabras de SS. Benedicto XVI al inicio de su
Pontificado y proclamarlas para toda América Latina: ¡No teman! ¡Abran, más
todavía, abran de par en par las puertas a Cristo!…quien deja entrar a Cristo
no pierde nada, nada –absolutamente nada – de lo que hace la vida libre, bella
y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con
esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición
humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos
libera… ¡No tengan miedo de Cristo! Él no quita nada y lo da todo. Quien se da
a él, recibe el ciento por uno. Sí, abran, abran de par en par las puertas a
Cristo y encontrarán la verdadera vida[15].
16. “Ésta V Conferencia General se celebra en
continuidad con las otras cuatro que la precedieron en Río de Janeiro,
Medellín, Puebla y Santo Domingo. Con el mismo espíritu que las animó, los
pastores quieren dar ahora un nuevo impulso a la evangelización, a fin de que
estos pueblos sigan creciendo y madurando en su fe, para ser luz del mundo y
testigos de Jesucristo con su propia vida”[16].
Como pastores de
17. Nuestra alegría, pues, se basa en el amor del Padre, en la participación en el misterio
pascual de Jesucristo quien, por el Espíritu Santo, nos hace pasar de la muerte
a la vida, de la tristeza al gozo, del absurdo al hondo sentido de la
existencia, del desaliento a la esperanza que no defrauda. Esta alegría no es
un sentimiento artificialmente provocado ni un estado de ánimo pasajero. El
amor del Padre nos ha sido revelado en Cristo que nos ha invitado a entrar en
su reino. El nos ha enseñado a orar diciendo “Abba, Padre” (Rm 8, 15; cf. Mt 6,
9).
18. Conocer a Jesucristo por la fe es nuestro
gozo; seguirlo es una gracia, y trasmitir este tesoro a los demás es un encargo
que el Señor, al llamarnos y elegirnos, nos ha confiado. Con los ojos iluminados
por la luz de Jesucristo resucitado podemos y queremos contemplar al mundo, a
la historia, a nuestros pueblos de América Latina y de El Caribe, y a cada una
de sus personas.
PRIMERA PARTE
19. Este documento continúa la práctica del
método “ver, juzgar y actuar”, utilizado en anteriores Conferencias Generales
del Episcopado Latinoamericano. Muchas voces venidas de todo el Continente
ofrecieron aportes y sugerencias en tal sentido, afirmando que este método ha
colaborado a vivir más intensamente nuestra vocación y misión en
CAPÍTULO 1
LOS DISCÍPULOS MISIONEROS
20. Nuestra reflexión acerca del camino de las
Iglesias de América Latina y del Caribe tiene lugar en medio de luces y sombras
de nuestro tiempo. No nos afligen ni desconciertan los grandes cambios que
experimentamos. Hemos recibido dones inapreciables, que nos ayudan a mirar la
realidad como discípulos misioneros de Jesucristo.
21. La presencia cotidiana y esperanzada de
incontables peregrinos nos ha recordado a los primeros seguidores de Jesucristo
que fueron al Jordán, donde Juan bautizaba, con la esperanza de encontrar al
Mesías (cf. Mc 1, 5). Quienes se sintieron atraídos por la sabiduría de sus
palabras, por la bondad de su trato y por el poder de sus milagros, por el
asombro inusitado que despertaba su persona llegaron a ser discípulos de Jesús.
Al salir de las tinieblas y de las sombras de muerte (cf. Lc 1, 79) su vida
adquirió una plenitud extraordinaria: la de haber sido enriquecida con el don
del Padre. Vivieron la historia de su pueblo y de su tiempo y pasaron por los
caminos del Imperio Romano, sin olvidar nunca el encuentro más importante y
decisivo de su vida que los había llenado de luz, de fuerza y de esperanza: el
encuentro con Jesús, su roca, su paz, su vida.
22. Así nos ocurre también a nosotros al mirar
la realidad de nuestros pueblos y de nuestra Iglesia, con sus valores, sus
limitaciones, sus angustias y esperanzas. Mientras sufrimos y nos alegramos,
permanecemos en el amor de Cristo viendo nuestro mundo, tratamos de discernir
sus caminos con la gozosa esperanza y la indecible gratitud de creer en Jesucristo.
El es el Hijo de Dios verdadero, el único Salvador de la humanidad. La
importancia única e insustituible de Cristo para nosotros, para la humanidad,
consiste en que Cristo es el Camino,
23. En este encuentro queremos expresar la
alegría de ser discípulos del Señor y de haber sido enviados con el tesoro del
Evangelio. Ser cristiano no es una carga sino un don: Dios Padre nos ha
bendecido en Jesucristo su Hijo, Salvador del mundo.
24. Bendito sea Dios Padre de nuestro Señor
Jesucristo que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones en la persona de
Cristo (cf. Ef 1, 3). El Dios de
25. Bendecimos a Dios con ánimo agradecido,
porque nos ha llamado a ser instrumentos de su Reino de amor y de vida, de
justicia y de paz, por el cual tantos se sacrificaron. El mismo nos ha
encomendado la obra de sus manos para que la cuidemos y la pongamos al servicio
de todos. Agradecemos a Dios por habernos hecho sus colaboradores para que
seamos solidarios con su creación con responsabilidad ecológica. Bendecimos a
Dios que nos ha dado la naturaleza creada que es su primer libro para poder
conocerlo y vivir nosotros en ella como en nuestra casa.
26. Damos gracias a Dios que nos ha dado el
don de la palabra, con la cual nos podemos comunicar entre nosotros y con El
por medio de su Hijo, que se ha hecho Palabra para nosotros. Damos gracias a El
que por su gran amor nos ha hablado como amigos (cf. Jn 15, 14-15). Bendecimos
a Dios que se nos da en la celebración de la fe, especialmente en
27. Iluminados por Cristo, el sufrimiento, la
injusticia y la cruz nos interpelan a vivir como Iglesia samaritana (cf. Lc 10,
25-37) recordando que “la evangelización ha ido unida siempre a la promoción
humana y a la auténtica liberación cristiana”[19].
Damos gracias a Dios y nos alegramos por la fe, la solidaridad y la alegría
características de nuestros pueblos trasmitidas a lo largo del tiempo por las
abuelas y los abuelos, las madres y los padres, los catequistas, los rezadores
y tantas personas anónimas cuya caridad ha mantenido viva la esperanza en medio
de las injusticias y adversidades.
28.
29. La historia de la humanidad transcurre
bajo la mirada compasiva de Dios a la que nunca abandona. También a este mundo
nuestro, Dios ha amado tanto que nos ha enviado a su Hijo. El anuncia la buena
noticia del Reino a los pobres y a los pecadores. Por esto nosotros como
discípulos de Jesús y misioneros queremos y debemos proclamar el Evangelio, que
es Cristo mismo. Anunciamos a nuestros pueblos que Dios nos ama, que su
existencia no es una amenaza para el hombre, que está cerca con el poder
salvador y liberador de su Reino, que nos acompaña en la tribulación, que
alienta incesantemente nuestra esperanza en medio de todas las pruebas. Los cristianos
somos portadores de buenas noticias para la humanidad y no profetas de
desventuras.
30.
31. En el rostro de Jesucristo, muerto y
resucitado, maltratado por nuestros pecados y glorificado por el Padre, en ese
rostro doliente y glorioso[20],
podemos ver, con la mirada de la fe el rostro humillado de tantos hombres y
mujeres de nuestros pueblos y al mismo tiempo su vocación a la libertad de los
hijos de Dios, a la plena realización de su dignidad personal y a la
fraternidad entre todos.
32. La alegría que hemos recibido en el
encuentro con Jesucristo, a quien reconocemos como el Hijo de Dios encarnado y
redentor, deseamos que llegue a todos los hombres y mujeres heridos por las
adversidades; deseamos que la alegría de la buena noticia del Reino de Dios, de
Jesucristo vencedor del pecado y de la muerte, llegue a todos cuantos yacen al
borde del camino pidiendo limosna y compasión (cf. Lc 10, 29-37; 18, 25-43). La
alegría del discípulo es antídoto frente a un mundo atemorizado por el futuro y
agobiado por la violencia y el odio. La alegría del discípulo no es un
sentimiento de bienestar egoísta sino una certeza que brota de la fe, que
serena el corazón y capacita para anunciar la buena noticia del amor de Dios.
Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo
encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a
conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo.
CAPÍTULO 2
MIRADA DE LOS DISCÍPULOS MISIONEROS SOBRE
2.1 La realidad que nos interpela
como discípulos y misioneros
33. Los pueblos de América Latina y de El
Caribe viven hoy una realidad marcada por grandes cambios que afectan
profundamente sus vidas y que, como discípulos de Jesucristo, nos sentimos
interpelados a discernir los “signos de los tiempos”, a la luz del Espíritu
Santo, para ponernos al servicio del Reino, anunciado por Jesús, que vino para
que todos tengan vida y “para que la tengan en plenitud” (Jn 10, 10).
34. La novedad de estos cambios, a diferencia
de los ocurridos en otras épocas, es que tienen un alcance global que, con
diferencias y matices, afectan al mundo entero. Habitualmente se los
caracteriza como el fenómeno de la globalización. Factor determinante de estos
cambios es la ciencia y la tecnología, con su capacidad de manipular
genéticamente la vida misma de los seres vivos, y con su capacidad de crear una
red de comunicaciones de alcance mundial, tanto pública como privada, para
interactuar en tiempo real, es decir, con simultaneidad, no obstante las
distancias geográficas. Como suele decirse, la historia se ha acelerado y los
cambios mismos se vuelven vertiginosos, puesto que se comunican con gran
velocidad a todos los rincones del planeta.
35. Esta nueva escala mundial del fenómeno
humano trae consecuencias para todos los ámbitos de la vida social, impactando
la cultura, la economía, la política, las ciencias, la educación, el deporte,
las artes y también, naturalmente, la religión. No nos corresponde, como
pastores de
36. En este nuevo contexto social, la realidad
se ha vuelto para el ser humano cada vez más opaca y compleja. Esto quiere
decir, que cualquier persona individual necesita siempre más información de la
que dispone, si quiere ejercer sobre la realidad el señorío al que por vocación
está llamada a realizar. Este hecho no es por sí mismo negativo. Nos ha
enseñado a mirar la realidad cada vez con más humildad, sabiendo que ella es
más grande y compleja que las simplificaciones ideológicas con que solíamos
verla en un pasado aún no demasiado lejano y que, en muchos casos, introdujeron
conflictos dentro de la sociedad que dejaron muchas heridas que aún no logran
cicatrizar. Pero también ha introducido la dificultad de que a la conciencia
humana le cuesta percibir la unidad de todos los fragmentos dispersos que resultan
de la información que recolectamos. Es frecuente que algunos quieran mirar la
realidad unilateralmente desde la información económica, otros desde la
información política o científica, otros desde el entretenimiento y el
espectáculo. Sin embargo, ninguno de estos criterios parciales logra
proponernos un significado coherente para todo lo que existe. Cuando las
personas perciben esta fragmentación y limitación, suelen sentirse frustradas,
ansiosas, angustiadas. La realidad social resulta demasiado grande para una
conciencia que, teniendo en cuenta su falta de saber e información, fácilmente
se cree insignificante, sin injerencia alguna en los acontecimientos, aun
cuando sume su voz a otras voces que buscan ayudarse recíprocamente.
37. Esta es la razón por la cual muchos
estudiosos de nuestra época han sostenido que la realidad ha traído aparejada
una crisis del sentido. Ellos no se refieren a los múltiples sentidos parciales
que cada uno puede encontrar en las acciones cotidianas que realiza, sino al
sentido que da unidad a todo lo que existe y nos sucede en la experiencia, y
que los creyentes llamamos el sentido religioso. Habitualmente, este sentido se
pone a nuestra disposición a través de nuestras tradiciones culturales que
representan la hipótesis de realidad con la que cada ser humano pueda mirar el
mundo en que vive. Conocemos, en nuestra cultura latinoamericana, el papel tan
noble y orientador que ha jugado la religiosidad popular, especialmente la
devoción mariana, que ha logrado persuadirnos de nuestra común condición de
hijos de Dios y de nuestra común dignidad ante sus ojos, no obstante las
diferencias sociales, étnicas o de cualquier otro tipo.
38. Sin embargo, debemos admitir que esta
preciosa tradición comienza también a erosionarse. La mayoría de los medios
masivos de comunicación nos presentan ahora nuevas imágenes, atractivas y
llenas de fantasía, que aunque todos saben que no pueden mostrar el sentido
unitario de todos los factores de la realidad, ofrecen al menos el consuelo de
ser transmitidas en tiempo real, en vivo y en directo, con actualidad. Lejos de
llenar el vacío que en nuestra conciencia se produce por la falta de un sentido
unitario de la vida, en muchas ocasiones la información transmitida por los
medios sólo nos distrae. La falta de información sólo se subsana con más
información, retroalimentando la ansiedad de quien percibe que está en un mundo
opaco y que no comprende.
39. Este fenómeno explica tal vez uno de los
hechos más desconcertantes y novedosos que vivimos en el presente. Nuestras
tradiciones culturales ya no se transmiten de una generación a otra con la
misma fluidez que en el pasado. Ello afecta, incluso, a ese núcleo más profundo
de cada cultura, constituido por la experiencia religiosa, que resulta ahora
igualmente difícil de transmitir a través de la educación y de la belleza de
las expresiones culturales, alcanzando aún hasta la misma familia que, como
lugar del diálogo y de la solidaridad intergeneracional, había sido uno de los
vehículos más importantes de la transmisión de la fe. Los medios de
comunicación han invadido todos los espacios y todas las conversaciones,
introduciéndose también en la intimidad del hogar. Al lado de la sabiduría de
las tradiciones se ubica ahora, en competencia, la información de último
minuto, la distracción, el entretenimiento, las imágenes de los exitosos que
han sabido aprovechar en su favor las herramientas tecnológicas y las
expectativas de prestigio y estima social. Ello hace que las personas busquen
denodadamente una experiencia de sentido que llene las exigencias de su
vocación allí donde no podrán jamás encontrarla.
40. Entre los presupuestos que debilitan y
menoscaban la vida familiar encontramos la ideología de género, según la cual
cada uno puede escoger su orientación sexual, sin tomar en cuenta las
diferencias dadas por la naturaleza humana. Esto ha provocado modificaciones
legales que hieren gravemente la dignidad del matrimonio, el respeto al derecho
a la vida y la identidad de la familia.
41. Por ello los cristianos necesitamos
recomenzar desde Cristo, desde la contemplación de quien nos ha revelado en su
misterio la plenitud del cumplimiento de la vocación humana y de su sentido.
Necesitamos hacernos discípulos dóciles, para aprender de Él, en su
seguimiento, la dignidad y plenitud de la vida. Y necesitamos, al mismo tiempo,
que nos consuma el celo misionero para llevar al corazón de la cultura de
nuestro tiempo, aquel sentido unitario y completo de la vida humana que ni la
ciencia, ni la política, ni la economía ni los medios de comunicación podrán
proporcionarle. En Cristo Palabra, Sabiduría de Dios (cf. 1 Cor 1, 30), la
cultura puede volver a encontrar su centro y su profundidad, desde donde se
puede mirar la realidad en el conjunto de todos sus factores, discerniéndolos a
la luz del Evangelio y dando a cado uno su sitio y su dimensión adecuada.
42. Como nos dijo el Papa en su discurso
inaugural: “sólo quien reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a
ella de modo adecuado y realmente humano”[21].
La sociedad que coordina sus actividades nada más que con información, cree que
puede operar de hecho como si Dios no existiese. Pero la eficacia de los
procedimientos lograda mediante información, aún con las tecnologías más
desarrolladas, no logra satisfacer el anhelo de dignidad inscrito en lo más
profundo de la vocación humana. Por ello, no basta suponer que la mera
diversidad de puntos de vista, de opciones y, finalmente, de informaciones, que
suele recibir el nombre de pluri o multiculturalidad, resolverá la ausencia de
un significado unitario para todo lo que existe. La persona humana es, en su
misma esencia, aquel lugar de la naturaleza donde converge la variedad de los
significados en una única vocación de sentido. A las personas no les asusta la
diversidad. Lo que les asusta más bien es no lograr reunir el conjunto de todos
estos significados de la realidad en una comprensión unitaria que le permita
ejercer su libertad con discernimiento y responsabilidad. La persona busca
siempre la verdad de su ser, puesto que es esta verdad la que ilumina la
realidad de tal modo que pueda desenvolverse en ella con libertad y alegría,
con gozo y esperanza.
2.1.1 Situación Sociocultural
43. La realidad social que describimos en su
dinámica actual con la palabra globalización, impacta, por tanto, antes que
cualquier otra dimensión, la realidad de nuestra cultura y del modo como nos
insertamos y apropiamos de ella. La variedad y riqueza de las culturas
latinoamericanas, desde aquellas más originarias hasta aquellas que con el paso
de la historia y el mestizaje de sus pueblos se han ido sedimentado en las
naciones, las familias, los grupos sociales, las instituciones educativas y la
convivencia cívica, constituye un dato bastante evidente para nosotros y que
valoramos como una singular riqueza. Lo que hoy día está en juego no es esa
diversidad, que los medios de información tienen la capacidad de individualizar
y registrar. Lo que se echa de menos es más bien la posibilidad de que esta
diversidad pueda converger en una síntesis, que envolviendo la variedad del
sentido, sea capaz de proyectarla en un destino histórico común. En esto reside
el valor incomparable del talante mariano de nuestra religiosidad popular, que
bajo distintas advocaciones, ha sido capaz de fundir las historias
latinoamericanas diversas en una historia compartida: aquella que conduce hacia
Cristo, Señor de la vida, en quien se realiza la más alta dignidad de nuestra
vocación humana.
44. Vivimos un cambio de época cuyo nivel más
profundo es el cultural. Se desvanece la concepción integral del ser humano, su
relación con el mundo y con Dios; “aquí está precisamente el gran error de las
tendencias dominantes en el último siglo… Quien excluye a Dios de su horizonte,
falsifica el concepto de la realidad y sólo puede terminar en caminos
equivocados y con recetas destructivas[22].
Surge hoy con gran fuerza una sobrevaloración de la subjetividad individual.
Independientemente de su forma, la libertad y la dignidad de la persona son
reconocidas. La individuación debilita los vínculos comunitarios y propone una
radical transformación del tiempo y del espacio, dando un papel primordial a la
imaginación. Los fenómenos sociales, económicos y tecnológicos están en la base
de la profunda vivencia del tiempo, al que se le concibe fijado en el propio
presente, trayendo concepciones de inconsistencia e inestabilidad. Se deja de
lado la preocupación por el bien común para dar paso a la realización inmediata
de los deseos de los individuos, a la creación de nuevos y muchas veces
arbitrarios de los derechos individuales, a los problemas de la sexualidad, la
familia, las enfermedades y la muerte.
45. La ciencia y la técnica cuando son puestas
al servicio del mercado, con los valores de la eficacia, la rentabilidad y lo
funcional, ha creado una lógica que invade las prácticas sociales, las mentes y
las cosmovisiones. Se han ido introduciendo, por la utilización de los medios
de comunicación de masas, un sentido estético, una visión acerca de la
felicidad, una percepción de la realidad y hasta un lenguaje, que se quiere
imponer como una auténtica cultura. Sin embargo, su superficialidad termina por
destruir lo que de verdaderamente humano hay en los procesos de construcción
cultural, que nacen del intercambio personal y colectivo.
46. Se verifica, a nivel masivo, una especie de nueva colonización
cultural por la imposición de culturas artificiales, despreciando las culturas
locales y tendiendo a imponer una cultura homogeneizada en todos los sectores.
Esta cultura se caracteriza por la autorreferencia del individuo, que conduce a
la indiferencia por el otro, a quien no necesita ni del que se siente
responsable. Se prefiere vivir día a día, sin programas a largo plazo ni apegos
personales, familiares y comunitarios. Las relaciones humanas se consideran
objetos de consumo, llevando a relaciones afectivas sin compromiso responsable
y definitivo.
47. También se verifica una tendencia hacia la
afirmación exasperada de derechos individuales y subjetivos. Esta búsqueda es
pragmática e inmediatista, sin preocupación por criterios éticos. La afirmación
de los derechos individuales y subjetivos, sin un esfuerzo semejante para
garantizar los derechos sociales culturales y solidarios, resulta en perjuicio
de la dignidad de todos, especialmente de quienes son más pobres y vulnerables.
48. En esta hora de América Latina y El Caribe
urge tomar conciencia de la situación precaria que afecta la dignidad de muchas
mujeres. Algunas desde niñas y adolescentes, son sometidas a múltiples formas
de violencia dentro y fuera de casa: tráfico, violación, servidumbre y acoso
sexual; desigualdades en la esfera del trabajo, de la política y de la
economía; explotación publicitaria por parte de muchos medios de comunicación
social que las tratan como objeto de lucro.
49. Los cambios culturales han modificado los roles tradicionales de
varones y mujeres, quienes buscan desarrollar nuevas actitudes y estilos de sus
respectivas identidades, potenciando todas sus dimensiones humanas en la
convivencia cotidiana, en la familia y en la sociedad.
50. La avidez del mercado descontrola el deseo
de niños, jóvenes y adultos. La publicidad conduce ilusoriamente a mundos
lejanos y maravillosos, donde todo deseo puede ser satisfecho por los productos
que tienen un carácter eficaz, efímero y hasta mesiánico. Se legitima que los deseos se vuelvan felicidad. Como
sólo se necesita lo inmediato, la felicidad se pretende alcanzar con bienestar
económico y satisfacción hedonista.
51. Las nuevas generaciones son las más
afectadas por esta cultura del consumo en sus aspiraciones personales
profundas. Crecen en la lógica del individualismo pragmático y narcisista, que
suscita en ellos imaginarios especiales de libertad e igualdad. Afirman el
presente porque el pasado perdió relevancia ante tantas exclusiones sociales,
políticas y económicas. Para ellos el futuro es incierto. Asimismo participan
de la lógica de la vida como espectáculo, considerando el cuerpo como punto de
referencia de su realidad presente. Tienen una nueva adicción por las
sensaciones y crecen en una gran mayoría sin referencia a los valores e
instancias religiosas. En medio de la realidad de cambio cultural emergen
nuevos sujetos, con nuevos estilos de vida, maneras de pensar, de sentir, de
percibir y con nuevas formas de relacionarse. Son productores y actores de la
nueva cultura.
52. Entre los aspectos positivos de este
cambio cultural aparece el valor fundamental de la persona, de su subjetividad
y experiencia, la búsqueda del sentido de la vida y la trascendencia. El
fracaso de las ideologías dominantes para dar respuesta a la búsqueda más profunda
del significado de la vida, ha permitido que emerja como valor la sencillez y
el reconocimiento en lo débil y lo pequeño de la existencia, con una gran
capacidad y potencial que no puede ser minusvalorado. Este énfasis en el
aprecio de la persona abre nuevos horizontes, en donde la tradición cristiana
adquiere un renovado valor, sobre todo cuando se reconoce en un Dios que se
encarna y nace en un pesebre, asumiendo una condición humilde y pobre.
53. La necesidad de construir el propio
destino y el anhelo de encontrar razones para la existencia, puede poner en
movimiento el deseo de encontrarse con otros y compartir lo vivido, como una
manera de darse una respuesta. Se trata de una afirmación de la libertad
personal y, por ello, de la necesidad de cuestionarse en profundidad las
propias convicciones y opciones.
54. Pero junto con el énfasis en la
responsabilidad individual en medio de sociedades que promueven a través de los
medios el acceso a bienes, se niega paradójicamente el acceso de los mismos a
las grandes mayorías, bienes que
constituyen elementos básicos y esenciales
para vivir como personas.
55. El énfasis en la experiencia personal y lo
vivencial nos lleva a considerar el testimonio como un componente clave en la
vivencia de la fe. Los hechos son valorados en cuanto que son significativos,
es decir, en cuanto decisivos para la persona. En el lenguaje testimonial
podemos encontrar un punto de contacto con las personas que componen la
sociedad y de ellas entre sí.
56. Por otra parte la riqueza y la diversidad
cultural de los pueblos de América Latina y el Caribe resultan evidentes.
Existen en nuestra región diversas culturas indígenas, afro descendientes,
mestizas, campesinas, urbanas y
suburbanas. Las culturas indígenas se caracterizan sobretodo por su apego
profundo a la tierra y por la vida comunitaria. Los afro descendientes se
caracterizan, entre otros elementos, por la expresividad corporal, el arraigo
familiar y el sentido de Dios. La cultura campesina está referida al ciclo
agrario. La cultura mestiza, que es la más extendida entre muchos pueblos de la
región, ha buscado en medio de contradicciones sintetizar a lo largo de la
historia estas múltiples fuentes culturales originarias, facilitando el diálogo
de las respectivas cosmovisiones y permitiendo su convergencia en una historia
compartida. A esta complejidad cultural habría que añadir también la de tantos
inmigrantes europeos que se establecieron en los países de nuestra región.
57. Estas culturas coexisten en condiciones
desiguales con la llamada cultura globalizada. Ellas exigen reconocimiento y
ofrecen valores que constituyen una respuesta a los antivalores de la cultura
que se impone a través de los medios de comunicación de masas: comunitarismo,
valoración de la familia, apertura a la trascendencia y solidaridad. Estas
culturas son dinámicas y están en interacción permanente entre sí y con las
diferentes propuestas culturales.
58. La cultura urbana es híbrida, dinámica y
cambiante, pues amalgama múltiples formas, valores y estilos de vida, y afecta a todas las
colectividades. La cultura suburbana es fruto de grandes migraciones de
población en su mayoría pobre, que se estableció alrededor de las ciudades en
los cinturones de miseria. En estas culturas los problemas de identidad y
pertenencia, relación, espacio vital y hogar son cada vez más complejos.
59. Existen también comunidades de migrantes
que han aportado las culturas y tradiciones traídas de sus tierras de origen,
sean cristianas o de otras religiones. Por su parte, esta diversidad incluye a
comunidades que se han ido formando por la llegada de distintas denominaciones
cristianas y otros grupos religiosos. Asumir la diversidad cultural, que es un
imperativo del momento, implica superar los discursos que pretenden uniformar
la cultura, con enfoques basados en modelos únicos.
2.1.2 Situación económica
60. En su discurso inaugural el Papa ve en la
globalización un fenómeno “de relaciones de nivel planetario”, siendo “un logro
de la familia humana”, porque favorece el acceso a nuevas tecnologías, mercados
y finanzas. Las altas tasas de crecimiento de nuestra economía regional y,
particularmente, su desarrollo urbano, no serían posibles sin la apertura al
comercio internacional, sin acceso a las tecnologías de última generación, sin
la participación de nuestros científicos y técnicos en el desarrollo
internacional del conocimiento y sin la alta inversión registrada en los medios
electrónicos de comunicación. Todo ello lleva también aparejado el surgimiento
de una clase media tecnológicamente letrada. Al mismo tiempo la globalización
se manifiesta como la profunda aspiración del género humano a la unidad. No
obstante estos avances, el Papa también señala que la globalización “comporta
el riesgo de los grandes monopolios y de convertir el lucro en valor supremo”.
Por ello, Benedicto XVI enfatiza que “como en todos los campos de la actividad
humana, la globalización debe regirse también por la ética, poniendo todo al
servicio de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios”[23].
61. La globalización es un fenómeno complejo
que posee diversas dimensiones (económicas, políticas, culturales,
comunicacionales, etc). Para una justa valoración de ella, es necesaria una
comprensión analítica y diferenciada que permita detectar tanto sus aspectos
positivos como negativos. Lamentablemente, la cara más extendida y exitosa de
la globalización es su dimensión económica, que se sobrepone y condiciona las
otras dimensiones de la vida humana. En la globalización la dinámica del
mercado absolutiza con facilidad la eficacia y la productividad como valores
reguladores de todas las relaciones humanas. Este peculiar carácter hace de la
globalización un proceso promotor de inequidades e injusticias múltiples. La
globalización tal y como está configurada actualmente, no es capaz de
interpretar y reaccionar en función de valores objetivos que se encuentran más
allá del mercado y que constituyen lo más importante de la vida humana: la
verdad, la justicia, el amor, y muy especialmente, la dignidad y los derechos
de todos, aún de aquellos que viven al margen del propio mercado.
62. Conducida por una tendencia que privilegia
el lucro y estimula la competencia, la globalización sigue una dinámica de
concentración de poder y de riquezas en manos de pocos, no sólo de los recursos
físicos y monetarios, sino sobre todo de la información y de los recursos
humanos, lo que produce la exclusión de todos aquellos no suficientemente
capacitados e informados, aumentando las desigualdades que marcan tristemente
nuestro continente y que mantiene en la pobreza a una multitud de personas. La
pobreza hoy es de conocimiento y del uso y acceso a nuevas tecnologías, por eso
es necesario que los empresarios asuman su responsabilidad de crear más fuentes
de trabajo y de invertir en las regiones más pobres para contribuir al
desarrollo.
63. No se puede negar que el predominio de
esta tendencia no elimina la posibilidad de formar pequeñas y medianas
empresas, que se asocian al dinamismo exportador de la economía, le prestan
servicios colaterales o bien aprovechan nichos específicos del mercado interno.
Sin embargo, su fragilidad económica y financiera y la pequeña escala en que se
desenvuelven, las hacen extremadamente vulnerables frente a las tasas de
interés, el riego cambiario, los costos previsionales y la variación en los
precios de sus insumos. La debilidad de estas empresas se asocia a la
precariedad del empleo que están en condiciones de ofrecer. Sin una política de
protección específica de los Estados frente a ellas, se corre el riesgo de que
las economías de escala de los grandes consorcios termine por imponerse como
única forma determinante del dinamismo económico.
64. Es por ello que, frente a esta forma de
globalización, sentimos un fuerte llamado para promover una globalización
diferente, que esté marcada por la solidaridad, por la justicia y por el
respeto a los derechos humanos, haciendo de América Latina y El Caribe no solo
el continente de la esperanza, sino también el continente del amor, como lo
propuso SS. Benedicto XVI en el Discurso Inaugural de esta Conferencia.
65. Esto nos debería llevar a contemplar los
rostros de quienes sufren. Entre ellos están las comunidades indígenas y
afro-descendientes, que en muchas ocasiones no son tratadas con dignidad e
igualdad de condiciones; muchas mujeres que son excluidas, en razón de su sexo,
raza o situación socioeconómica; jóvenes que reciben una educación de baja
calidad y no tienen oportunidades de progresar en sus estudios ni de entrar en
el mercado del trabajo para desarrollarse y constituir una familia; muchos pobres,
desempleados, migrantes, desplazados, campesinos sin tierra, quienes buscan
sobrevivir en la economía informal; niños y niñas sometidos a la prostitución
infantil ligada muchas veces al turismo sexual; también los niños víctimas del
aborto. Millones de personas y familias viven en la miseria e incluso pasan
hambre. Nos preocupan también quienes dependen de las drogas, las personas con
discapacidad, los portadores de VIH y los enfermos del SIDA que sufren de
soledad y se ven excluidos de la convivencia familiar y social. No olvidamos
tampoco a los secuestrados y a los que son víctimas de la violencia, del
terrorismo, de conflictos armados y de la inseguridad ciudadana. También los
ancianos, que además de sentirse excluidos del sistema productivo, se ven muchas
veces rechazados por su familia como personas incómodas e inútiles. Nos duele,
en fin, la situación inhumana en que vive la gran mayoría de los presos, que
también necesitan de nuestra presencia solidaria y de nuestra ayuda fraterna.
Una globalización sin solidaridad afecta negativamente a los sectores más
pobres. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y opresión,
sino de algo nuevo: la exclusión social. Con ella queda afectada en su misma
raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella
abajo, en la periferia o sin poder, sino que se está afuera. Los excluidos no
son solamente “explotados” sino “sobrantes” y “desechables”.
66. Las instituciones financieras y las
empresas transnacionales se fortalecen al punto de subordinar las economías
locales, sobre todo, debilitando a los
Estados, que aparecen cada vez más impotentes para llevar adelante proyectos de
desarrollo al servicio de sus poblaciones, especialmente cuando se trata de
inversiones de largo plazo y sin retorno inmediato. Las industrias extractivas
internacionales y la agroindustria muchas veces no respetan los derechos
económicos, sociales, culturales y ambientales de las poblaciones locales y no
asumen sus responsabilidades. Con mucha frecuencia se subordina la destrucción
de la naturaleza al desarrollo económico, con daños a la biodiversidad, con el
agotamiento de las reservas de agua y de otros recursos naturales, con la
contaminación del aire y el cambio climático. Una nueva tendencia con múltiples
implicaciones en la región es la creciente producción de agro combustibles, que
no debe hacerse a costa de la necesaria producción de alimentos para la
sobrevivencia humana. América Latina posee los acuíferos más abundantes del
planeta, junto con grandes extensiones de territorio selvático, que son
pulmones de la humanidad. Así se dan gratuitamente al mundo servicios
ambientales que no son reconocidos económicamente. La región se ve afectada
por el recalentamiento de la tierra y el
cambio climático provocado principalmente por el estilo de vida no sostenible
de los países industrializados.
67. La globalización ha vuelto frecuente la
celebración de Tratados de Libre
Comercio entre países con economías asimétricas, que no siempre benefician a
los países más pobres, al mismo tiempo se presiona a los países de la región
con exigencias desmedidas en materia de propiedad intelectual, a tal punto que
se permite derechos de patente sobre la vida en todas sus formas. Además, la
utilización de organismos genéticamente manipulados muestra que no siempre contribuye ni al combate contra el
hambre ni al desarrollo rural sostenible.
68. Aunque se ha progresado muchísimo en el
control de la inflación y en la estabilidad macroeconómica de los países de la
región, muchos gobiernos se
encuentran severamente limitados para el financiamiento de sus presupuestos
públicos por los elevados servicios de la deuda externa[24]
e interna, mientras, por otro lado, no cuentan con sistemas tributarios
verdaderamente eficientes, progresivos y equitativos.
69. La actual concentración de renta y riqueza
se da principalmente por los mecanismos del sistema financiero. La libertad
concedida a las inversiones financieras favorecen al capital especulativo, que
no tiene incentivos para hacer inversiones productivas de largo plazo, sino que
busca el lucro inmediato en los negocios con títulos públicos, monedas y
derivados. Sin embargo, según
70. Es también alarmante el nivel de la
corrupción en las economías que involucra tanto al sector público como al
sector privado, a lo que se suma una notable falta de transparencia y rendición
de cuentas a la ciudadanía. En muchas ocasiones la corrupción está vinculada al
flagelo del narcotráfico o del narconegocio y por otra parte viene destruyendo
el tejido social y económico en regiones enteras.
71. La población económicamente activa de la
región está afectada por el subempleo (42%) y el desempleo (9%). El trabajo
informal afecta casi la mitad de ella. El trabajo formal, por su parte, se ve
sometido a la precariedad de las condiciones de empleo y a la presión constante
de subcontratación, lo que trae consigo salarios más bajos y desprotección en
el campo de seguridad social, no permitiendo a muchos el desarrollo de una vida
digna. En este contexto, los sindicatos pierden la posibilidad de defender los
derechos de los trabajadores. Por otro lado, se pueden destacar fenómenos
positivos y creativos para enfrentar esta situación de parte de los afectados,
quienes vienen impulsando diversas experiencias, como por ejemplo, micro
finanzas, economía local y solidaria y comercio justo.
72. Los campesinos, en su mayoría, sufren a
causa de la pobreza, agravada por no tener acceso a tierra propia. Sin embargo
existen grandes latifundios en manos de unos pocos. En algunos países esta
situación ha llevado a la población a demandar una Reforma Agraria, estando
atentos a los males que puedan ocasionarles los Tratados de Libre Comercio, la
manipulación de la droga y otros factores.
73. Uno de los fenómenos más importantes en
nuestros países es el proceso de movilidad humana en que millones de personas
migran o se ven forzadas a migrar dentro y fuera de sus respectivos países. Las
causas son diversas y están relacionadas con la situación económica, la
violencia en sus diversas formas, la pobreza que afecta a las personas y la
falta de oportunidades para la investigación y el desarrollo profesional. Las
consecuencias son en muchos casos de enorme gravedad a nivel personal, familiar
y cultural. La pérdida del capital humano de millones de personas,
profesionales calificados, investigadores y amplios sectores campesinos, nos va
empobreciendo cada vez más. La explotación laboral llega, en algunos casos, a
generar condiciones de verdadera esclavitud. Se da también un vergonzoso
tráfico de personas, que incluye la prostitución, aún de menores. Especial mención merece la situación
de los refugiados, que cuestiona la capacidad de acogida de la sociedad y de
las iglesias. Por otra parte, sin embargo, la remesa de divisas de los emigrados a sus
países de origen se ha vuelto una importante y, a veces, insustituible fuente
de recursos para los países de la región, ayudando al bienestar y a la
movilidad social ascendente de quienes logran participar exitosamente de este
proceso.
2.1.3 Dimensión socio-política
74. Constatamos como hecho positivo el
fortalecimiento de los regímenes democráticos en muchos países de América
Latina y El Caribe según demuestran los últimos procesos electorales. Sin
embargo, vemos con preocupación el acelerado avance de diversas formas de
regresión autoritaria por vía democrática que derivan en ocasiones en regímenes
de corte neo populista. Esto indica que no basta una democracia puramente
formal, fundada en la limpieza de los procedimientos electorales, sino que es
necesaria una democracia participativa y basada en la promoción y respeto de
los derechos humanos. Una democracia sin valores como los mencionados, se
vuelve fácilmente una dictadura y termina traicionando al pueblo.
75. Con la presencia más protagónica de
76. Después de una época de debilitamiento de
los Estados por la aplicación de ajustes estructurales en la economía,
recomendados por organismos financieros internacionales, se aprecia actualmente
un esfuerzo de los Estados por definir y aplicar políticas públicas en los
campos de la salud, educación, seguridad alimentaría, previsión social, acceso
a la tierra y a la vivienda, promoción eficaz de la economía para la creación
de empleos y leyes que favorecen las organizaciones solidarias. Todo esto
refleja que no puede haber democracia
verdadera y estable sin justicia social, sin división real de poderes y sin la
vigencia del Estado de derecho[25].
77. Cabe señalar como un gran factor negativo
en buena parte de la región, el recrudecimiento de la corrupción en la sociedad
y en el Estado, que involucra a los poderes legislativos y ejecutivos en todos
sus niveles, y alcanza también al sistema judicial que a menudo inclina su
juicio a favor de los poderosos y genera impunidad, lo que pone en serio riesgo
la credibilidad de las instituciones públicas y aumenta la desconfianza del
pueblo, fenómeno que se une a un profundo desprecio de la legalidad. En amplios
sectores de la población y particularmente entre los jóvenes crece el desencanto
por la política y particularmente por la democracia, pues las promesas de una
vida mejor y más justa no se cumplieron o se cumplieron sólo a medias. En este
sentido, se olvida que la democracia y la participación política es fruto de la
formación que se hace realidad solamente cuando los ciudadanos son conscientes
de sus derechos fundamentales y de sus deberes correspondientes.
78. La vida social en convivencia armónica y
pacífica se está deteriorando gravemente en
muchos países de América Latina y El Caribe por el crecimiento de la
violencia, que se manifiesta en robos, asaltos, secuestros, y lo que es más
grave, en asesinatos que cada día destruyen más vidas humanas y llenan de dolor
a las familias y a la sociedad entera. La violencia reviste diversas formas y
tiene diversos agentes: el crimen organizado y el narcotráfico, grupos
paramilitares, violencia común sobre todo en la periferia de las grandes
ciudades, violencia de grupos juveniles, creciente violencia intrafamiliar. Sus
causas son múltiples: la idolatría del dinero, el avance de una ideología
individualista y utilitarista, el irrespeto a la dignidad de cada persona, el
deterioro del tejido social, la corrupción incluso en las fuerzas del orden y
la falta de políticas públicas de equidad social.
79. Algunos parlamentos o congresos
legislativos aprueban leyes injustas por encima de los derechos humanos y de la
voluntad popular, precisamente por no estar cerca de sus representados ni saber
escuchar y dialogar con los ciudadanos, pero también por ignorancia, por falta
de acompañamiento, y porque muchos ciudadanos abdican de su deber de participar
en la vida pública.
80. En algunos Estados ha aumentado la
represión, la violación de los derechos humanos, incluso el derecho a la
libertad religiosa, la libertad de expresión y la libertad de enseñanza, así
como el desprecio a la objeción de conciencia.
81. Si bien en algunos países se han logrado
acuerdos de paz superando así conflictos de vieja data, en otros continúa la
lucha armada con todas sus secuelas (muertes violentas, violaciones a los
Derechos Humanos, amenazas, niños en la guerra, secuestros etc.), sin avizorar
soluciones a corto plazo. La influencia del narconegocio en estos grupos
dificulta aún más las posibles soluciones.
82. En América Latina y El Caribe se aprecia
una creciente voluntad de integración regional con acuerdos multilaterales
involucrando un número creciente de países que generan sus propias reglas en el
campo del comercio, los servicios y las patentes. Al origen común se une la
cultura, la lengua y la religión que pueden contribuir a que la integración no
sea sólo de mercados, sino de instituciones civiles y sobre todo sobre todo de
personas. También es positiva la globalización de la justicia, en el campo de
los derechos humanos y de los crímenes contra la humanidad que permitirá
progresivamente que los seres humanos vivan bajo iguales normas llamadas a
proteger su dignidad, su integridad, y su vida.
2.1.4 Biodiversidad, ecología,
Amazonia y Antártida
83. América Latina es el continente que posee
una de las mayores biodiversidades del planeta y una rica socio diversidad
representada por sus pueblos y culturas. Éstos poseen un gran acervo de
conocimientos tradicionales sobre la utilización sostenible de los recursos
naturales, así como sobre el valor medicinal de plantas y otros organismos
vivos, muchos de los cuales forman la base de su economía. Tales conocimientos
son actualmente objeto de apropiación intelectual ilícita siendo patentados por
industrias farmacéuticas y de biogenética, generando vulnerabilidad de los
agricultores familiares que dependen de esos recursos para su sobrevivencia.
84. En las decisiones sobre las riquezas de la
biodiversidad y de la naturaleza las poblaciones tradicionales han sido
prácticamente excluidas. La naturaleza ha sido y continúa siendo agredida. La
tierra fue depredada. Las aguas están siendo tratadas como si fueran una
mercancía negociable por las empresas, además de haber sido transformadas en un
bien disputado por las grandes potencias. Un ejemplo muy importante en esta
situación es la Amazonia[26].
85. En su discurso a los jóvenes, en el
Estadio de Pacaembu, en San Pablo, el Papa Benedicto XVI llamó la atención
sobre la “devastación ambiental de
86. La creciente agresión al medioambiente
puede servir de pretexto para propuestas de internacionalización de
87. Además constatamos el retroceso de los
hielos en todo el mundo: el deshielo del Ártico cuyo impacto ya se está viendo
en la flora y fauna de ese ecosistema; también el calentamiento global se hace
sentir en el estruendoso crepitar de los bloques de hielo antártico que reducen
la cobertura glacial del continente y que regula el clima del mundo. Juan Pablo
II proféticamente hace 20 años desde el confín de las Américas señaló: “Desde
el Cono Sur del Continente Americano y frente a los ilimitados espacios de
2.1.5 Presencia de los pueblos
indígenas y afroamericanos en
88. Los indígenas constituyen la población más
antigua del continente. Están en la raíz primera de la identidad
latinoamericana y caribeña. Los afroamericanos constituyen otra raíz que fue
arrancada de África y traída aquí como gente esclavizada. La tercera raíz es la
población pobre que migró de Europa desde el siglo XVI, en búsqueda de mejores
condiciones de vida y el gran flujo de inmigrantes de todo el mundo desde
mediados del siglo XIX. De todos estos grupos y de sus correspondientes
culturas se formó el mestizaje que es la base social y cultural de nuestros
pueblos latinoamericanos, como lo reconoció ya
89. Los indígenas y afroamericanos son, sobre
todo, “otros” diferentes que exigen respeto y reconocimiento. La sociedad
tiende a menospreciarlos, desconociendo su diferencia. Su situación social está
marcada por la exclusión y la pobreza.
90. Hoy, los pueblos indígenas y afros están
amenazados en su existencia física, cultural y espiritual; en sus modos de
vida; en sus identidades; en su diversidad; en sus territorios y proyectos.
Algunas comunidades indígenas se encuentran fuera de sus tierras porque éstas
han sido invadidas y degradadas, o no tienen tierras suficientes para
desarrollar sus culturas. Sufren graves ataques a su identidad y supervivencia,
pues la globalización económica y cultural pone en peligro su propia existencia
como pueblos diferentes. Su progresiva transformación cultural provoca la
rápida desaparición de algunas lenguas y culturas. La migración, forzada por la
pobreza, está influyendo profundamente en el cambio de costumbres, de
relaciones e incluso de religión.
91. Los indígenas y afroamericanos emergen
ahora en la sociedad y en
92. Ya en Santo Domingo los pastores
reconocíamos que “los pueblos indígenas cultivan valores humanos de gran
significación”[29]; valores que “
93. Entre ellos podemos señalar: “apertura a la
acción de Dios por los frutos de la tierra, el carácter sagrado de la vida
humana, la valoración de la familia, el sentido de solidaridad y la
corresponsabilidad en el trabajo común, la importancia de lo cultual, la
creencia en una vida ultra terrena”[33].
Actualmente, estos valores el pueblo los ha enriquecido ampliamente por
94. Como Iglesia que
asume la causa de los pobres alentamos la participación de los indígenas y
afroamericanos en la vida eclesial. Vemos con esperanza el proceso de
inculturación discernido a la luz del Magisterio. Es prioritario hacer traducciones católicas de
95. Nuestro servicio
pastoral a la vida plena de los pueblos indígenas exige anunciar a Jesucristo y
96. La historia de los afroamericanos ha sido
atravesada por una exclusión social, económica, política y, sobre todo, racial,
donde la identidad étnica es factor de subordinación social. Actualmente, son
discriminados en la inserción laboral, en la calidad y contenido de la
formación escolar, en las relaciones cotidianas y, además, existe un proceso de
ocultamiento sistemático de sus valores, historia, cultura y expresiones
religiosas. Permanece aún en los imaginarios colectivos una mentalidad y mirada
colonial con respecto a los pueblos originarios y afroamericanos. De modo que,
descolonizar las mentes, el conocimiento, recuperar la memoria histórica,
fortalecer espacios y relaciones interculturales, son condiciones para la
afirmación de la plena ciudadanía de estos pueblos.
97. La realidad latinoamericana cuenta
con comunidades afroamericanas muy vivas que aportan y
participan activa y creativamente de la construcción de este continente. Los
movimientos por la recuperación de las identidades, de los derechos ciudadanos
y contra el racismo, los grupos alternativos de economías solidarias, hacen de
las mujeres y hombres negros sujetos constructores de su historia y de una nueva
historia que se va dibujando en la actualidad latinoamericana y caribeña. Esta
nueva realidad se basa en relaciones interculturales donde la diversidad no
significa amenaza, no justifica jerarquías de poder de unos sobre otros, sino
diálogo desde visiones culturales diferentes de celebración, de interrelación,
de reavivamiento de la esperanza.
2.2 Situación de nuestra Iglesia en
esta hora histórica de desafíos
98.
99. Los esfuerzos pastorales orientados hacia
el encuentro con Jesucristo vivo han dado y siguen dando frutos. Entre otros,
destacamos los siguientes:
100. Debido a la animación bíblica de la
pastoral, aumenta el conocimiento de
101. La renovación litúrgica acentuó la
dimensión celebrativa y festiva de la fe cristiana centrada en el misterio
pascual, en particular en
102. Nuestro pueblo tiene gran aprecio a los
sacerdotes. Reconoce la santidad de muchos de ellos, como también su testimonio
de vida, su trabajo misionero, y la creatividad pastoral, particularmente de
aquellos que están en lugares lejanos o en contextos de mayor dificultad.
Muchas de nuestras Iglesias cuentan con una pastoral sacerdotal y con
experiencias concretas de vida en común y de una más justa retribución del
clero. En algunas Iglesias se ha desarrollado el diaconado permanente. También los
ministerios laicales y otros servicios pastorales, como delegados de la
palabra, animadores de asamblea y de pequeñas comunidades, entre ellas, las
comunidades eclesiales de base y un gran número de pastorales específicas. Se
hace un gran esfuerzo por la formación en nuestros Seminarios, en las casas de
formación para la vida consagrada y en las escuelas para el diaconado
permanente. Es significativo el testimonio de la vida consagrada, su aporte en
la acción pastoral y su presencia en situaciones de pobreza, de riesgo y de
frontera. Alienta la esperanza el incremento de vocaciones para la vida
contemplativa masculina y femenina.
103. Resalta la abnegada entrega de tantos
misioneros y misioneras que, hasta el día de hoy, desarrollan una valiosa obra
evangelizadora y de promoción humana en todos nuestros pueblos, con
multiplicidad de obras y servicios. Se reconoce, asimismo, a numerosos
sacerdotes, consagradas y consagrados, laicas y laicos que, desde nuestro
Continente, participan de la misión ad
gentes.
104. Crecen
los esfuerzos de renovación pastoral en las parroquias, favoreciendo un
encuentro con Cristo vivo mediante diversos métodos de nueva evangelización,
transformándose en comunidad de comunidades evangelizadas y misioneras. Se
constata en muchos lugares un florecimiento de comunidades eclesiales de base,
en comunión con los Obispos y fieles al Magisterio de
105.
106. La diversificación de la organización
eclesial, con la creación de muchas comunidades, nuevas jurisdicciones y
organismos pastorales, ha permitido que muchas Iglesias Particulares hayan
avanzado en la estructuración de una Pastoral Orgánica, para servir mejor a las
necesidades de los fieles. No con la misma intensidad en todas las Iglesias se
ha desarrollado el diálogo ecuménico e interreligioso, enriqueciendo a todos
los participantes. En otros lugares se han creado escuelas de ecumenismo o
colaboración ecuménica en asuntos sociales y otras iniciativas. Se manifiesta, como
reacción al materialismo, una búsqueda de espiritualidad, de oración y de
mística que expresa el hambre y sed de Dios. Por otro lado, la valoración de la
ética es un signo de los tiempos que indica la necesidad de superar el
hedonismo, la corrupción y el vacío de valores. Nos alegra además el profundo
sentimiento de solidaridad que caracteriza a nuestros pueblos y la práctica del
compartir y ayuda mutua.
107. A pesar de los aspectos positivos que nos
alegran en la esperanza, notamos sombras, entre las cuales mencionamos las
siguientes:
108. Para
109. Lamentamos cierto clericalismo, algunos
intentos de volver a una eclesiología y espiritualidad anteriores al Concilio
Vaticano II, algunas lecturas y aplicaciones reduccionistas de la renovación
conciliar, la ausencia de un sentido de autocrítica, de una auténtica
obediencia y de ejercicio evangélico de la autoridad, los moralismos que
debilitan la centralidad de Jesucristo, las infidelidades a la doctrina, a la
moral y a la comunión, nuestras débiles vivencias de la opción preferencial por
los pobres, no pocas recaídas secularizantes en la vida consagrada, la
discriminación de la mujer y su ausencia frecuente en los organismos
pastorales. Tal como lo manifestó el Santo Padre en el Discurso Inaugural de
nuestra Conferencia, “se percibe un
cierto debilitamiento de la vida cristiana en el conjunto de la sociedad y de
la propia pertenencia a la Iglesia Católica”[35].
110. Constatamos el escaso acompañamiento dado
a los fieles laicos en sus tareas de servicio a la sociedad, particularmente
cuando asumen responsabilidades en las diversas estructuras del orden temporal.
Percibimos una evangelización con poco ardor y sin nuevos métodos y
expresiones, un énfasis en el sacramentalismo sin el conveniente itinerario
formativo, descuidando otras tareas pastorales. De igual forma nos preocupa una
espiritualidad individualista. Verificamos asimismo una mentalidad relativista
en lo ético y religioso, la falta de aplicación creativa del rico patrimonio
que constituye
111. En la evangelización, en la catequesis y,
en general, en la pastoral, persisten también lenguajes poco significativos
para la cultura actual y en particular, para los jóvenes. Muchas veces los
lenguajes utilizados parecieran no tener en cuenta la mutación de los códigos
existencialmente relevantes en las sociedades inoculadas por la postmodernidad,
y marcadas por un amplio pluralismo social y cultural. Los cambios culturales
dificultan la transmisión de
112. El insuficiente número de sacerdotes y su
no equitativa distribución imposibilitan que muchísimas comunidades puedan
participar en la celebración de
113. En las últimas décadas vemos con preocupación,
por un lado, que numerosas personas pierden el sentido trascendental de sus
vidas y abandonan las prácticas religiosas, y, por otro lado, que un número
significativo de católicos están abandonando
114. Dentro del nuevo pluralismo religioso en
nuestro continente, no se ha diferenciado suficientemente a los creyentes que
pertenecen a otras iglesias o comunidades eclesiales, tanto por su doctrina
como por sus actitudes, de los que forman parte de la gran diversidad de grupos
cristianos (incluso pseudocristianos) que se han instalado entre nosotros, ya
que no es adecuado englobar a todos en una sola categoría de análisis, ni
llamarlas simplemente “sectas”. Muchas veces no es fácil el diálogo ecuménico
con grupos cristianos que atacan a
115. Reconocemos que muchas veces los católicos
nos hemos apartado del Evangelio, que requiere un estilo de vida más fiel a la
verdad y a la caridad, más sencillo, austero y solidario, como también nos ha
faltado valentía, persistencia y docilidad a la gracia para proseguir la renovación
iniciada por el Concilio Vaticano II, impulsada por las anteriores Conferencias
Generales, y para asegurar el rostro latinoamericano y caribeño de nuestra
Iglesia. Nos reconocemos como
comunidad de pobres pecadores, mendicantes de la misericordia de Dios,
congregada, reconciliada, unida y enviada por la fuerza de
SEGUNDA
PARTE
DISCÍPULOS
MISIONEROS
CAPÍTULO 3
PARA
ANUNCIAR EL EVANGELIO DE JESUCRISTO
116.
En
este momento, con incertidumbres en el corazón, nos preguntamos con Tomás:
“¿Cómo vamos a saber el camino?” (Jn 14, 5). Jesús nos responde con una
propuesta provocadora: “Yo soy el Camino,
117.
Jesús
es el hijo de Dios,
118.
Los
discípulos de Jesús reconocemos que Él es el primer y más grande evangelizador
enviado por Dios (cf. Lc 4, 44) y, al mismo tiempo, el Evangelio de Dios (cf.
Rm 1, 3). Creemos y anunciamos “la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de
Dios” (Mc 1, 1). Como hijos obedientes a la voz del Padre queremos escuchar a
Jesús (cf. Lc 9, 35) porque Él es el único Maestro (cf. Mt 23, 8). Como
discípulos suyos sabemos que sus palabras son Espíritu y Vida (cf. Jn 6, 63.
68). Con la alegría de la fe somos misioneros para proclamar el Evangelio de
Jesucristo y, en él, la buena nueva de la dignidad humana, de la vida, de la
familia, del trabajo, de la ciencia y de la solidaridad con la creación.
119.
Bendecimos
a Dios por la dignidad de la persona humana, creada a su imagen y semejanza.
Nos ha creado libres y nos ha hecho sujetos de derechos y deberes en medio de
la creación. Le agradecemos por asociarnos al perfeccionamiento del mundo,
dándonos inteligencia y capacidad para amar; por la dignidad, que recibimos
también como tarea que debemos proteger, cultivar y promover. Lo bendecimos por
el don de la fe que nos permite vivir en alianza con El hasta compartir la vida
eterna. Lo bendecimos por hacernos hijas e hijos suyos en Cristo, por habernos
redimido con el precio de su sangre y por la relación permanente que establece
con nosotros, que es fuente de nuestra dignidad absoluta, innegociable e
inviolable. Si el pecado ha deteriorado la imagen de Dios en el hombre y ha
herido su condición, la buena nueva, que es Cristo lo ha redimido y
restablecido en la gracia (cf. Rm 5, 12-21).
120.
Alabamos
a Dios por los hombres y mujeres de América Latina y El Caribe que, movidos por
su fe, han trabajado incansablemente en defensa de la dignidad de la persona
humana, especialmente de los pobres y marginados. En su testimonio llevado hasta la entrega total resplandece la
dignidad del ser humano.
121.
Alabamos
a Dios por el don maravilloso de la vida y por quienes la honran y la dignifican
al ponerla al servicio de los demás; por el espíritu alegre de nuestros pueblos
que aman la música, la danza, la poesía, el arte, el deporte y cultivan una
firme esperanza en medio de problemas y luchas. Alabamos a Dios porque siendo
nosotros pecadores, nos mostró su amor reconciliándonos consigo por la muerte
de su Hijo en la cruz. Lo alabamos porque ahora continúa derramando su amor en
nosotros por el Espíritu Santo y alimentándonos con
122.
Bendecimos
al Padre por el don de su Hijo Jesucristo “rostro humano de Dios y rostro
divino del hombre”[36].
“En realidad, tan sólo en el misterio del Verbo encarnado se aclara
verdaderamente el misterio del hombre. Cristo, en la revelación misma del
misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio
hombre y le descubre su altísima vocación”[37].
123.
Bendecimos
al Padre porque todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien aún
entre dificultades e incertidumbres, puede llegar a descubrir en la ley natural
escrita en su corazón (cf. Rm 2, 14-15), el valor sagrado de la vida humana
desde su inicio hasta su término y afirmar el derecho de cada ser humano a ver
respetado totalmente este bien primario suyo. En el reconocimiento de este
derecho se fundamenta “la convivencia
humana y la misma comunidad política” (EV, 2).
124.
Ante
una vida sin sentido, nos revela la
vida íntima de Dios en su misterio más elevado, la comunión trinitaria. Es tal
el amor de Dios, que hace del hombre, peregrino en este mundo, su morada:
“Vendremos a él y viviremos en él” (Jn 14, 23). Ante la desesperanza de un mundo sin Dios, que sólo ve en la muerte el
término definitivo de la existencia, Jesús nos ofrece la resurrección y la vida
eterna en la que Dios será da todo en todos (cf 1 Cor 15, 28). Ante la idolatría de los bienes terrenales,
Jesús presenta la vida en Dios como valor supremo: “¿De qué le sirve a uno
ganar el mundo, si pierde su vida?” (Mc 8, 36)[38].
125.
Ante
el subjetivismo hedonista, Jesús
propone entregar la vida para ganarla, porque “quien aprecie su vida terrena,
la perderá” (Jn 12, 25). Es propio del discípulo de Cristo gastar su vida como
sal de la tierra y luz del mundo. Ante el individualismo,
Jesús convoca a vivir y caminar juntos. La vida cristiana sólo se profundiza y
se desarrolla en la comunión fraterna. Jesús nos dice “uno es su maestro, y
todos ustedes son hermanos” (Mt 23, 8). Ante la despersonalización, Jesús ayuda a construir identidades integradas.
126.
La
propia vocación, la propia libertad y la propia originalidad como dones de Dios
para la plenitud y el servicio del mundo.
127.
Ante
la exclusión, Jesús defiende los derechos
de los débiles y la vida digna de todo ser humano. De su Maestro, el discípulo
ha aprendido a luchar contra toda forma de desprecio de la vida y de
explotación de la persona humana[39].
Sólo el Señor es autor y dueño de la vida. El ser humano, su imagen viviente,
es siempre sagrado, desde su concepción hasta su muerte natural; en todas las
circunstancias y condiciones de su vida. Ante las estructuras de muerte, Jesús hace presente la vida plena. “Yo he
venido para dar vida a los hombres y para que la tengan en plenitud” (Jn 10,
10). Por ello sana a los enfermos, expulsa los demonios y compromete a los
discípulos en la promoción de la dignidad humana y de relaciones sociales
fundadas en la justicia.
128.
Ante
la naturaleza amenazada, Jesús, que
conocía el cuidado del Padre por las criaturas que Él alimenta y embellece,
(cf. Lc 12, 28), nos convoca a cuidar la tierra para que brinde abrigo y
sustento a todos los hombres (cf. Gn 1, 29; 2, 15).
129.
Proclamamos
la alegría del valor de nuestras familias en América Latina. Afirma el Papa
Benedicto XVI que la familia es “patrimonio de la humanidad, constituye uno de
los tesoros más importantes de los pueblos latinoamericanos y de El Caribe.
Ella ha sido y es escuela de la fe, palestra de valores humanos y cívicos,
hogar en que la vida humana nace y se acoge generosa y responsablemente… La
familia es insustituible para la serenidad personal y para la educación de sus
hijos”[40].
130.
Agradecemos
a Cristo que nos revela que “Dios es amor y vive en sí mismo un misterio
personal de amor”[41]
y optando por vivir en familia en medio de nosotros, la eleva a la dignidad de
‘Iglesia Doméstica’.
131.
Bendecimos
a Dios por haber creado al ser humano varón y mujer, aunque hoy se quiera
confundir esta verdad: “Creó Dios a los seres humanos a su imagen; a imagen de
Dios los creó, varón y mujer los creó” (Gn 1, 27). Pertenece a la naturaleza
humana el que el varón y la mujer busquen el uno en el otro su reciprocidad y
complementariedad.
132.
El
ser amados por Dios nos llena de alegría. El amor humano encuentra su plenitud
cuando participa del amor divino, del
amor de Jesús que se entrega solidariamente por nosotros en su amor pleno
hasta el fin (cf. Jn 13, 1; 15,9). El amor conyugal es la donación recíproca
entre un varón y una mujer, los esposos: es fecundo, fiel y exclusivo hasta la
muerte, abierto a la vida y a la educación de los hijos, asemejándose al amor
fecundo de la Santísima Trinidad[42].
El amor conyugal es asumido en el Sacramento del Matrimonio para significar la
unión de Cristo con su Iglesia, por eso en la gracia de Jesucristo encuentra su
purificación, alimento y plenitud (Cf. Ef 5, 25-33).
133.
En el
seno de una familia la persona descubre los motivos y el camino para pertenecer
a la familia de Dios. De ella recibimos la vida, la primera experiencia del
amor y de la fe. El gran tesoro de la educación de los hijos en la fe consiste
en la experiencia de una vida familiar que recibe la fe, la conserva, la
celebra, la trasmite y testimonia. Los padres deben tomar nueva conciencia de
su gozosa e irrenunciable responsabilidad en la formación integral de sus
hijos.
134.
Dios
ama nuestras familias, a pesar de tantas heridas y divisiones. La presencia
invocada de Cristo a través de la oración en familia nos ayuda a superar los
problemas, a sanar las heridas y abre caminos de esperanza. Muchos vacíos de
hogar pueden ser atenuados por servicios que presta la comunidad eclesial,
familia de familias.
3.4 La buena nueva de la actividad
humana
3.4.1 El trabajo
135. Alabamos a Dios porque en la belleza de la
creación, que es obra de sus manos, resplandece el sentido del trabajo como
participación de su tarea creadora y como servicio a los hermanos y hermanas.
Jesús, el carpintero (cf. Mc 6, 3), dignificó el trabajo y al trabajador y
recuerda que el trabajo no es un mero apéndice de la vida, sino que “constituye
una dimensión fundamental de la existencia del hombre en la tierra”[43],
por la cual el hombre y la mujer se realizan a sí mismos como seres humanos[44].
El trabajo garantiza la dignidad y la libertad del hombre, es probablemente “la
clave esencial de toda ‘la cuestión social’”[45].
136. Damos gracias a Dios porque su palabra nos
enseña que, a pesar de la fatiga que muchas veces acompaña al trabajo, el
cristiano sabe que éste, unido a la oración, sirve no sólo al progreso terreno,
sino también a la santificación personal y a la construcción del Reino de Dios[46].
El desempleo, la injusta remuneración del trabajo y el vivir sin querer
trabajar son contrarios al designio de Dios. El discípulo y el misionero, respondiendo
a este designio, promueven la dignidad del trabajador y del trabajo, el justo
reconocimiento de sus derechos y de sus deberes, y desarrollan la cultura del
trabajo y denuncian toda injusticia. La salvaguardia del domingo, como día de
descanso, de familia y culto al Señor, garantiza el equilibrio entre trabajo y
reposo. Corresponde a la comunidad crear estructuras que ofrezcan un trabajo a
las personas minusválidas según sus posibilidades[47].
137. Alabamos a Dios por los talentos, el
estudio y la decisión de hombres y mujeres para iniciar emprendimientos
generadores de trabajo y producción, que elevan la condición humana y el
bienestar de la sociedad. La actividad empresarial es buena y necesaria cuando
respeta la dignidad del trabajador, el cuidado del medio ambiente y se ordena
al bien común. Se pervierte cuando, buscando solo el lucro, atenta contra los
derechos de los trabajadores y la justicia.
138. Alabamos a Dios por quienes cultivan las
ciencias y la tecnología ofreciendo una inmensa cantidad de bienes y valores
culturales que han contribuido, entre otras cosas, a prolongar la expectativa
de vida y su calidad. Sin embargo, la ciencia y la tecnología no tienen las
respuestas a los grandes interrogantes de la vida humana. La respuesta última a
las cuestiones fundamentales del hombre sólo puede venir de una razón y ética
integrales iluminadas por la revelación de Dios. Cuando la verdad, el bien y la
belleza se separan; cuando la persona humana y sus exigencias fundamentales no
constituyen el criterio ético, la ciencia y la tecnología se vuelven contra el
hombre que las ha creado.
139. Hoy día las fronteras trazadas entre las
ciencias se desvanecen. Con este modo de comprender el diálogo, se sugiere la
idea de que ningún conocimiento es completamente autónomo. Esta situación le
abre un terreno de oportunidades a la teología para interactuar con las
ciencias sociales.
140.
Con
los pueblos originarios de América, alabamos al Señor que creó el universo como
espacio para la vida y la convivencia de todos sus hijos e hijas y nos los dejó
como signo de su bondad y de su belleza. También la creación es caridad,
manifestación del amor providente de Dios; nos ha sido entregada para que la
cuidemos y la transformemos en fuente de vida digna para todos. Aunque hoy se
ha generalizado una mayor valoración de la naturaleza, percibimos claramente de
cuantas maneras el hombre amenaza y aun destruye su ‘habitat’. “La hermana
nuestra madre tierra” es nuestra casa común[48]
y el lugar de la alianza de Dios con los seres humanos y con toda la creación.
Desatender las mutuas relaciones y el equilibrio que Dios mismo estableció
entre las realidades creadas, es una ofensa al Creador, un atentado contra la
biodiversidad y, en definitiva, contra la vida. El discípulo y misionero, a quien Dios le encargó la creación, debe
contemplarla, cuidarla y utilizarla, respetando siempre el orden que le dio el
Creador.
141. La mejor forma de respetar la naturaleza
es promover una ecología humana abierta a la trascendencia que respetando la
persona y la familia, los ambientes y las ciudades, sigue la indicación paulina
de recapitular todas las cosas en Cristo y de alabar con Él al Padre (cf. 1 Cor
3, 21-23). El Señor ha entregado el mundo para todos, para los de las
generaciones presentes y futuras. El destino universal de los bienes exige la
solidaridad con la generación presente y las futuras. Ya que los recursos son
cada vez más limitados, su uso debe estar regulado según un principio de
justicia distributiva respetando el desarrollo sostenible.
142.
Agradecemos
a Dios como discípulos y misioneros porque la mayoría de los Latino americanos
y Caribeños están bautizados. La providencia de Dios nos ha confiado el
precioso patrimonio de la pertenencia a
143.
Reconocemos
el don de la vitalidad de
CAPÍTULO 4
4.1 Llamados al seguimiento de
Jesucristo
144. Dios Padre sale de sí, por así decirlo, para llamarnos a participar de su
vida y de su gloria. Mediante Israel, pueblo que hace suyo, Dios nos revela su proyecto de
vida. Cada vez que Israel buscó y necesitó a su Dios, sobre todo en las
desgracias nacionales, tuvo una singular experiencia de comunión con Él, quien
lo hacía partícipe de su verdad, su vida y su santidad. Por ello, no demoró en
testimoniar que su Dios -a diferencia de los ídolos- es el “Dios vivo” (Dt 5,
26) que lo libera de los opresores (cf. Ex 3, 7-10), que perdona
incansablemente (cf. Ex 34, 6; Eclo 2, 11) y que restituye la salvación perdida
cuando el pueblo, envuelto “en las redes de la muerte” (Sal 116, 3), se dirige
a Él suplicante (cf. Is 38, 16). De este Dios –que es su Padre– Jesús afirmará
que “no es un Dios de muertos, sino de vivos” (Mc 12, 27).
145.
En
estos últimos tiempos nos ha hablado por medio de Jesús su Hijo (Hb 1, 1ss),
con quien llega la plenitud de los tiempos (cf. Gal 4, 4). Dios, que es Santo y
nos ama, nos llama por medio de Jesús a ser santos (cf. Ef 1, 4-5).
146. El llamamiento que hace Jesús, el Maestro,
conlleva una gran novedad. En la antigüedad los maestros invitaban a sus
discípulos a vincularse con algo trascendente, y los maestros de
147. Con la parábola de
148.
Jesús
los hace familiares suyos, porque comparte la misma vida que viene del Padre y
les pide, como a discípulos, una unión íntima con Él, obediencia a
149.
Como
discípulos y misioneros estamos llamados a intensificar nuestra respuesta de fe
y a anunciar que Cristo ha redimido todos los pecados y males de la humanidad,
“en el aspecto más paradójico de su misterio, la hora de la cruz. El grito de
Jesús: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mc 15, 34) no delata
la angustia de un desesperado, sino la oración del Hijo que ofrece su vida al
Padre en el amor para la salvación de todos”[51].
150.
La
respuesta a su llamada exige entrar en la dinámica del Buen Samaritano (cf. Lc
10, 29-37), que nos da el imperativo de hacernos prójimos, especialmente con el
que sufre, y generar una sociedad sin excluidos siguiendo la practica de Jesús
que come con publicanos y pecadores (cf. Lc 5, 29-32) que acoge a los pequeños
y a los niños (cf. Mc 10, 13-16), que sana a los leprosos (cf. Mc 1, 40-45) que
perdona y libera a la mujer pecadora (cf. Lc 7, 36-49; Jn 8, 1-11), que habla
con
4.2 Configurados con el Maestro
151.
La
admiración por la persona de Jesús, su llamada y su mirada de amor buscan
suscitar una respuesta consciente y libre desde lo más íntimo del corazón del
discípulo, una adhesión de toda su persona al saber que Cristo lo llama por su
nombre (cf. Jn 10, 3). Es un “sí” que compromete radicalmente la libertad del
discípulo a entregarse a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida (cf. Jn 14, 6). Es
una respuesta de amor a quien lo amó primero “hasta el extremo” (cf. Jn 13, 1).
En este amor de Jesús madura la respuesta del discípulo: “Te seguiré
adondequiera que vayas” (Lc 9, 57).
152.
El
Espíritu Santo que el Padre nos regala nos identifica con Jesús-Camino,
abriéndonos a su misterio de salvación para que seamos hijos suyos y hermanos
unos de otros; nos identifica con Jesús-Verdad, enseñándonos a renunciar a
nuestras mentiras y propias ambiciones, y nos identifica con Jesús-Vida, permitiéndonos
abrazar su plan de amor y entregarnos para que otros “tengan vida en Él”.
153.
Para
configurarse verdaderamente con el Maestro es necesario asumir la centralidad
del Mandamiento del amor, que Él quiso llamar suyo y nuevo: “Ámense los unos a
los otros, como yo los he amado” (Jn 15, 12). Este amor, con la medida de
Jesús, de total don de sí, además de ser el distintivo de cada cristiano no
puede dejar de ser la característica de su Iglesia, comunidad discípula de
Cristo, cuyo testimonio de caridad fraterna será el primero y principal
anuncio, “reconocerán todos que son discípulos míos” (Jn 13, 35).
154.
En el
seguimiento de Jesucristo, aprendemos y practicamos las bienaventuranzas del
Reino, el estilo de vida del mismo Jesucristo: su amor y obediencia filial al
Padre, su compasión entrañable ante el dolor humano, su cercanía a los pobres y
a los pequeños, su fidelidad a la misión encomendada, su amor servicial hasta
el don de su vida. Hoy contemplamos a Jesucristo tal como nos lo transmiten los
Evangelios para conocer lo que Él hizo y para discernir lo que nosotros debemos
hacer en las actuales circunstancias.
155.
Identificarse
con Jesucristo es también compartir su destino: “Donde yo esté estará también
el que me sirve” (Jn 12, 26). El cristiano corre la misma suerte del Señor,
incluso hasta la cruz: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí
mismo, que cargue con su cruz y que me siga” (Mc 8, 34). Nos alienta el
testimonio de tantos misioneros y mártires de ayer y de hoy en nuestros pueblos
que han llegado a compartir la cruz de Cristo hasta la entrega de su vida.
156.
Imagen
espléndida de configuración al proyecto trinitario que se cumple en Cristo, es
157.
En
América Latina y El Caribe innumerables cristianos buscan configurarse con el
Señor al encontrarlo en la escucha orante de
4.3 Enviados a anunciar el
Evangelio del Reino de vida
158.
Jesús
con palabras y acciones, con su muerte y resurrección inaugura en medio de
nosotros el Reino de vida del Padre, que alcanzará su plenitud allí donde no
habrá más “muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor, porque todo lo antiguo ha
desaparecido” (Ap 21, 4). Durante su vida y con su muerte en cruz, Jesús
permanece fiel a su Padre y a su voluntad (cf. Lc 22, 42). Durante su
ministerio, los discípulos no fueron capaces de comprender que en un hombre
como Él, radicalmente coherente (cf. Mc 12, 14), el sentido de su vida sellaba
el sentido de su muerte. Mucho menos podían comprender que, según el designio
del Padre, la muerte del Hijo era fuente de vida fecunda para todos (cf. Jn 12,
23-24). El misterio pascual de Jesús es el acto de obediencia y amor al Padre y
de entrega por todos sus hermanos mediante el cual el Mesías dona plenamente
aquella vida que ofrecía en caminos y aldeas de Palestina. Por su sacrificio
voluntario, el Cordero de Dios pone su vida ofrecida en las manos del Padre
(cf. Lc 23, 46), quien lo hace salvación “para nosotros” (1 Cor 1, 30). Por el
misterio pascual, el Padre sella la nueva alianza y genera un nuevo pueblo que
tiene por fundamento su amor gratuito de Padre que salva.
159.
Al
llamar a los suyos para que lo sigan, les da un encargo muy preciso: anunciar
el evangelio del Reino a todas las naciones (cf. Mt 28, 19; Lc 24, 46-48). Por
esto, todo discípulo es misionero, pues Jesús lo hace partícipe de su misión al
mismo tiempo que lo vincula a él como amigo y hermano. De esta manera, como él
es testigo del misterio del Padre, así los discípulos son testigos de la muerte
y resurrección del Señor hasta que él vuelva. Cumplir este encargo no es una
tarea opcional, sino parte integrante de la identidad cristiana, porque es la
extensión testimonial de la vocación misma.
160.
Cuando
crece la conciencia de pertenencia a Cristo, en razón de la gratitud y alegría
que produce, crece también el ímpetu de comunicar a todos el don de ese
encuentro. La misión no se limita a un programa o proyecto, sino que es
compartir la experiencia del acontecimiento del encuentro con Cristo,
testimoniarlo y anunciarlo de persona a persona, de comunidad a comunidad, y de
161.
Benedicto
XVI nos recuerda que: “el discípulo, fundamentado así en la roca de
162.
Jesús
salió al encuentro de personas en situaciones muy diversas: hombres y mujeres,
pobres y ricos, judíos y extranjeros, justos y pecadores…, invitándolos a todos
a su seguimiento. Hoy sigue invitando a encontrar en Él el amor del Padre. Por
esto mismo el discípulo misionero ha de ser un hombre o una mujer que hace
visible el amor misericordioso del Padre, especialmente a los pobres y
pecadores.
163.
Al
participar de esta misión, el discípulo camina hacia la santidad. Vivirla en la
misión lo lleva al corazón del mundo. Por eso la santidad “no es una fuga hacia
el intimismo o hacia el individualismo religioso, tampoco un abandono de la
realidad urgente de los grandes problemas económicos, sociales y políticos de
América Latina y del mundo y, mucho menos, una fuga de la realidad hacia un
mundo exclusivamente espiritual”[53].
4.4 Animados por el Espíritu Santo
164.
Jesús,
al comienzo de su vida pública, después de su bautismo, fue conducido por
el Espíritu Santo al desierto para
prepararse a su misión (cf. Mc 1, 12-13) y, con la oración y el ayuno,
discernió la voluntad del Padre y venció las tentaciones de seguir otros
caminos. Ese mismo Espíritu acompañó a Jesús durante toda su vida (cf. Hch 10,
38). Una vez resucitado, comunicó su Espíritu vivificador a los suyos (cf. Hch
2, 33).
165.
A
partir de Pentecostés,
166.
167.
Jesús
nos transmitió las palabras de su Padre y es el Espíritu quien recuerda a
168.
Esta
realidad se hace presente en nuestra vida por obra del Espíritu Santo que
también, a través de los sacramentos, nos ilumina y vivifica. En virtud del
Bautismo y
CAPÍTULO 5
5.1 Llamados a vivir en comunión
169.
Jesús al inicio de su ministerio elige a los doce para
vivir en comunión con Él (cf. Mc 3, 14). Para favorecer la comunión y evaluar
la misión, Jesús
les pide: “Vengan ustedes solos a un lugar deshabitado, para descansar un poco”
(Mc 6, 31-32). En otras oportunidades se entretendrá con ellos para explicarles
el misterio del Reino (cf. Mc. 4, 11.33-34). De la misma manera se comporta con
el grupo de los setenta y dos discípulos (cf. Lc 10, 17-20). Al parecer, el
encuentro a solas indica que Jesús quiere hablarles al corazón (cf. Os 2, 14).
Hoy también el encuentro de los discípulos con Jesús en la intimidad es
indispensable para alimentar la vida comunitaria y la actividad misionera.
170.
Los
discípulos de Jesús están llamados a vivir en comunión con el Padre (1 Jn 1, 3)
y con su Hijo muerto y resucitado, en “la comunión en el Espíritu Santo” (2 Cor
13, 13). El misterio de
171.
La
vocación al discipulado misionero es con-vocación
a la comunión en su Iglesia. No hay discipulado sin comunión. Ante la
tentación, muy presente en la cultura actual de ser cristianos sin Iglesia y
las nuevas búsquedas espirituales individualistas, afirmamos que la fe en
Jesucristo nos llegó a través de la comunidad eclesial y ella “nos da una
familia, la familia universal de Dios en
172.
Al recibir la fe y el bautismo, los cristianos acogemos
la acción del Espíritu Santo que lleva a confesar a Jesús como Hijo de Dios y a
llamar a Dios “Abba”. Todos los bautizados y bautizadas de América Latina y El
Caribe “a través del sacerdocio común del Pueblo de Dios”[57],
estamos llamados a vivir y trasmitir la comunión con
173.
Al igual que las primeras comunidades de cristianos, hoy
nos reunimos asiduamente para “escuchar la enseñanza de los apóstoles, vivir
unidos y participar en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2, 42). La
comunión de
174.
175.
176.
177.
La diversidad de carismas, ministerios y servicios abre
el horizonte para el ejercicio cotidiano de la comunión a través de la cual los
dones del Espíritu son puestos a disposición de los demás para que circule la
caridad (cf. 1 Cor 12, 4-12). Cada bautizado, en efecto, es portador de dones
que debe desarrollar en unidad y complementariedad con los de los otros, a fin
de formar el único Cuerpo de Cristo, entregado para la vida del mundo. El
reconocimiento práctico de la unidad orgánica y la diversidad de funciones
asegurará mayor vitalidad misionera y será signo e instrumento de
reconciliación y paz para nuestros pueblos. Cada comunidad está llamada a
descubrir e integrar los talentos escondidos y silenciosos que el Espíritu
regala a los fieles.
178.
En el pueblo de Dios “la comunión y la misión están
profundamente unidas entre sí… La comunión es misionera y la misión es para la
comunión”[66].
En las iglesias particulares todos los miembros del pueblo de Dios, según sus
vocaciones específicas, estamos convocados a la santidad en la comunión y la
misión.
5.2 Lugares eclesiales para la
comunión
5.2.1 La diócesis, lugar
privilegiado de la comunión
179.
La
vida en comunidad es esencial a la vocación cristiana. El discipulado y la
misión siempre suponen la pertenencia a una comunidad. Dios no quiso salvarnos
aisladamente, sino formando un Pueblo[67].
Este es un aspecto que distingue la vivencia de la vocación cristiana de un
simple sentimiento religioso individual. Por eso la experiencia de fe siempre
se vive en una Iglesia Particular.
180.
Reunida
y alimentada por
181.
182.
La
maduración en el seguimiento de Jesús y la pasión por anunciarlo requieren que
183.
184.
5.2.2
185.
Entre
las comunidades eclesiales en las que viven y se forman los discípulos
misioneros de Jesucristo sobresalen las Parroquias. Ellas son células vivas de
la Iglesia[71] y el lugar privilegiado
en el que la mayoría de los fieles tienen una experiencia concreta de Cristo y
la comunión eclesial[72].
Uno de los anhelos más grandes que se ha expresado en las Iglesias de América
Latina con motivo de la preparación de
186.
Todos
los miembros de la comunidad parroquial son responsables de la evangelización
de los hombres y mujeres en cada ambiente. El Espíritu Santo que actúa en
Jesucristo es también enviado a todos en cuanto miembros de la comunidad,
porque su acción no se limita al ámbito individual, sino que abre siempre a las
comunidades a la tarea misionera, así como ocurrió en Pentecostés (cf. Hch 2,
1-13).
187.
La
renovación de las parroquias al inicio del tercer milenio exige reformular sus
estructuras, para que sea una red de comunidades y grupos capaz de articularse
logrando que los participantes se sientan y sean realmente discípulos y
misioneros de Jesucristo en comunión. Desde la parroquia hay que anunciar lo
que Jesucristo “hizo y enseñó” (Hch 1, 1) mientras estuvo con nosotros. Su
Persona y su obra son la buena noticia de salvación anunciada por los ministros
y testigos de
188.
189.
Los
mejores esfuerzos de las parroquias en este inicio del tercer milenio deben
estar en la convocatoria y en la formación de laicos misioneros. Solamente a
través de la multiplicación de ellos podremos llegar a responder a las
exigencias misioneras del momento actual. También es importante recordar que el
campo especifico de la actividad evangelizadora laical es el complejo mundo del
trabajo, la cultura, las ciencias y las artes, la política, los medios de
comunicación y la economía, así como los ámbitos de la familia, la educación,
la vida profesional, sobre todo en los contextos donde
190.
Siguiendo
el ejemplo de la primera comunidad cristiana (cf. Hch 2, 46-47), la comunidad
parroquial se reúne para partir el pan de
a)
b)
En el
Bautismo: la incorporación de un nuevo miembro.
c)
En
d)
En
e)
En
f)
En el
sacramento del Orden: la opción de algunos cristianos de ponerse
definitivamente al servicio pastoral de sus hermanos, una vez llamados por el
Obispo.
g)
En el
Matrimonio: el amor esponsal que como gracia de Dios germina y crece hasta la
madurez y la donación total.
h)
Recordando
que
191.
192.
SS.
Benedicto XVI nos recuerda que “el amor a
5.2.3 Comunidades Eclesiales de
Base y Pequeñas comunidades
193.
En la
experiencia eclesial de América Latina y El Caribe, las Comunidades Eclesiales
de Base con frecuencia han sido verdaderas escuelas que forman discípulos y
misioneros del Señor, como testimonia la entrega generosa, hasta derramar su
sangre, de tantos miembros suyos. Ellas recogen la experiencia de las primeras
comunidades, como están descritas en los Hechos de los Apóstoles (cf. Hch
2,42-47). Medellín reconoció en ellas una célula inicial de estructuración
eclesial y foco de evangelización. Arraigadas en el corazón del mundo, son
espacios privilegiados para la vivencia comunitaria de la fe, manantiales de
fraternidad y de solidaridad, alternativa a la sociedad actual fundada en el
egoísmo y en la competencia despiadada.
194.
Queremos
decididamente reafirmar y dar nuevo impulso a la vida y misión profética y
santificadora de las CEBs, en el seguimiento misionero de Jesús. Ellas han sido
una de las grandes manifestaciones del Espíritu en
195.
Las
Comunidades Eclesiales de Base, en comunión con su obispo y el proyecto de
pastoral diocesana, son un signo de vitalidad en
196.
Junto
a las CEBs, hay otras variadas formas de pequeñas comunidades eclesiales,
grupos de vida, de oración y de reflexión de
5.2.4 Las Conferencias Episcopales
y la comunión entre las Iglesias
197.
Los
obispos, además del servicio a la comunión que prestan en sus Iglesias
particulares, ejercen este oficio junto con las otras iglesias diocesanas. De este
modo realizan y manifiestan el vínculo de comunión que las une entre sí. Esta
experiencia de comunión episcopal, sobre todo después del Concilio Vaticano II,
debe entenderse como un encuentro con
Cristo vivo, presente en los hermanos que están reunidos en su nombre”[78]. Para crecer en esa
fraternidad y en la corresponsabilidad pastoral, los obispos deben cultivar la espiritualidad de la comunión en
orden a acrecentar los vínculos de colegialidad que los unen a los demás
obispos de su propia Conferencia, pero también a todo el Colegio Episcopal y a
198.
El
Pueblo de Dios se construye como una comunión de Iglesias particulares y, a
través de ellas, como un intercambio entre las culturas. En este marco, los
obispos y las Iglesias locales expresan su solicitud por todas las Iglesias,
especialmente por las más cercanas, reunidas en las provincias eclesiásticas,
las conferencias regionales, y otras formas de asociación interdiocesana en el
interior de cada Nación o entre países de una misma Región o Continente. Estas
variadas formas de comunión estimulan con vigor las “relaciones de hermandad
entre las diócesis y las parroquias”[79]
y fomentan “una mayor cooperación entre las iglesias hermanas”[80].
199.
El
CELAM es un organismo eclesial de fraterna colegialidad episcopal, cuya
preocupación fundamental es colaborar para la evangelización del Continente. A
lo largo de sus 50 años ha brindado servicios muy importantes a las
Conferencias Episcopales y a nuestras Iglesias Particulares, entre los que
destacamos las Conferencias Generales, los Encuentros Regionales, los
Seminarios de estudio, el ITEPAL y el CEBIPAL. El resultado de todo este
esfuerzo es una sentida fraternidad entre los Obispos del Continente y una
reflexión teológica y un lenguaje pastoral común que favorece la comunión y el
intercambio entre las Iglesias.
5.3 Discípulos misioneros con
vocaciones específicas
200.
La
condición del discípulo brota de Jesucristo como de su fuente por la fe y el
bautismo y crece en
201.
En el
fiel cumplimiento de su vocación bautismal el discípulo ha de tener en cuenta
los desafíos que el mundo de hoy le presenta a
5.3.1 Los obispos, discípulos
misioneros de Jesús Sumo Sacerdote
202.
Los
obispos, como sucesores de los apóstoles junto con el Sumo Pontífice y bajo su
autoridad[81], con fe y esperanza hemos
aceptado la vocación de servir al Pueblo de Dios conforme al corazón de Cristo
Buen Pastor. Junto con todos los fieles y en virtud del bautismo somos, ante
todo, discípulos y miembros del Pueblo de Dios. Como todos los bautizados, y
junto con ellos, queremos seguir a Jesús, Maestro de vida y de verdad, en la
comunión de
203.
El
Señor nos llama a promover por todos los medios la caridad y la santidad de los
fieles. Nos empeñamos para que el pueblo de Dios crezca en la gracia mediante
los sacramentos presididos por nosotros mismos y por los demás ministros
ordenados. Estamos llamados a ser maestros de la fe y, por tanto, a anunciar
204.
Los
Obispos, como pastores, estamos llamados a “hacer de
205.
Para
crecer en estas actitudes, los obispos hemos de procurar la unión constante con
el Señor, cultivar la espiritualidad de la comunión con todos los que creen en
Cristo y promover los vínculos de colegialidad que los unen al Colegio
Episcopal, particularmente con su cabeza, el Obispo de Roma. No podemos olvidar
que el obispo es principio y constructor de la unidad de su Iglesia particular
y santificador de su pueblo, testigo de esperanza y padre de los fieles,
especialmente de los pobres, y que su principal tarea es ser anunciador de
206.
Todo
el pueblo de Dios debe agradecer a los Obispos eméritos que como pastores han
entregado su vida al servicio del Reino, siendo discípulos y misioneros. A
ellos los acogemos con cariño y aprovechamos su vasta experiencia apostólica
que todavía puede producir muchos frutos. Ellos mantienen profundos vínculos
con las diócesis que les fueron confiadas a las que están unidas por su caridad
y su oración.
5.3.2 Los presbíteros, discípulos
misioneros de Jesús Buen Pastor
5.3.2.1 Identidad y misión de los
presbíteros
207.
Valoramos
y agradecemos con gozo que la inmensa mayoría de los presbíteros vivan su
ministerio con fidelidad y sean modelo para los demás, que saquen tiempo para
su formación permanente, que cultiven una vida espiritual que estimula a los
demás presbíteros, centrada en la escucha de
208.
Una
mirada a nuestro momento actual nos muestra situaciones que afectan y desafían
la vida y el ministerio de nuestros presbíteros. Entre otras, la identidad
teológica del ministerio presbiteral, su inserción en la cultura actual y
situaciones que inciden en su existencia.
209.
El
primero dice relación con la identidad teológica del ministerio presbiteral. El
Concilio Vaticano II establece el sacerdocio ministerial al servicio del
sacerdocio común de los fieles, y cada uno a su manera participan del único
sacerdocio de Cristo[84].
Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, nos ha redimido y nos ha participado su vida
divina. En Él, somos todos hijos del mismo Padre y hermanos entre nosotros,
también los presbíteros. Antes que padre el presbítero es un hermano. Esta
dimensión fraterna debe transparentarse en el ejercicio pastoral y superar la
tentación del autoritarismo que lo aísla de la comunidad y de la colaboración
con los demás miembros de
210.
El
segundo desafío se refiere al ministerio del presbítero inserto en la cultura actual.
El presbítero está llamado a conocerla para sembrar en ella la semilla del
Evangelio, es decir, para que el mensaje de Jesús llegue a ser una
interpelación válida, comprensible, esperanzadora y relevante para la vida del
hombre y de la mujer de hoy, especialmente para los jóvenes. Este desafío
incluye la necesidad de potenciar adecuadamente la formación inicial y
permanente de los presbíteros, en las sus cuatro dimensiones humana,
espiritual, intelectual y pastoral[85].
211.
El
tercer desafío se refiere a los aspectos vitales y afectivos, al celibato y a
una vida espiritual intensa fundada en la experiencia de Dios; asimismo al
cultivo de relaciones fraternas con los demás presbíteros, con el obispo y con
los laicos. Para que el ministerio del presbítero sea coherente y testimonial,
éste debe amar y realizar su tarea pastoral en comunión con el obispo y con sus
pares. El ministerio sacerdotal que brota del Orden Sagrado tiene una “radical
forma comunitaria” y sólo puede ser desarrollado como una “tarea colectiva”[86].
212.
En
particular el presbítero es invitado a valorar, como un don de Dios, el
celibato que le posibilita una especial configuración con el estilo de vida del
propio Cristo y lo hace signo de su caridad pastoral en la entrega a Dios y a
los hombres con corazón pleno e indiviso. “En efecto, esta opción del sacerdote
es una expresión peculiar de la entrega que lo configura con Cristo y de la
entrega de sí mismo por el Reino de Dios”[87].
El celibato pide asumir con madurez la propia afectividad y sexualidad, viviéndolas
con serenidad y alegría en un camino comunitario[88].
213.
Otros
desafíos son de carácter estructural, como por ejemplo la existencia de
parroquias demasiado grandes que dificultan el ejercicio de una pastoral
adecuada, parroquias muy pobres que hacen que los pastores se dediquen a otras
tareas para poder subsistir, parroquias situadas en sectores de extrema
violencia e inseguridad y la falta y mala distribución de presbíteros en las
Iglesias del continente.
214.
El
presbítero, a imagen del Buen Pastor, está llamado a ser hombre de la
misericordia y la compasión, cercano a su pueblo y servidor de todos,
particularmente de los que sufren grandes necesidades. La caridad pastoral,
fuente de la espiritualidad sacerdotal, anima y unifica su vida y ministerio. Consciente
de sus limitaciones valora la pastoral orgánica y se inserta con gusto en su
presbiterio.
215.
El
Pueblo de Dios siente la necesidad de presbíteros-discípulos: que tengan una
profunda experiencia de Dios, configurados con el corazón del Buen Pastor, dóciles
a las mociones del Espíritu, que se nutran de
216.
Todo
esto requiere que en las diócesis y las Conferencias Episcopales desarrollen
una pastoral presbiteral que privilegie la espiritualidad específica y la
formación permanente e integral de los sacerdotes. Es oportuno señalar la
complementariedad entre la formación iniciada en el Seminario y el proceso
formativo que abarca las diversas etapas de vida del presbítero.
5.3.2.2 Los párrocos, animadores de
una comunidad de discípulos misioneros
217.
La
renovación de la parroquia exige actitudes nuevas en los párrocos y en los
sacerdotes que están al servicio de ella. La primera exigencia es que el
párroco sea un auténtico discípulo de Jesucristo, porque sólo un sacerdote
enamorado del Señor puede renovar una parroquia. Pero al mismo tiempo, debe ser
un ardoroso misionero que vive el constante anhelo de buscar a los alejados y
no se contenta con la simple administración.
218.
Pero,
sin duda, no basta la entrega generosa del sacerdote y de las comunidades de
religiosos. Se requiere que todos los laicos se sientan corresponsables en la
formación de los discípulos y en la misión. Esto supone que los párrocos sean
promotores y animadores de la diversidad misionera y que dediquen tiempo
generosamente al sacramento de la reconciliación. Una parroquia renovada
multiplica las personas que prestan servicios y acrecienta los ministerios.
Igualmente en este campo se requiere imaginación para encontrar respuesta a los
muchos y siempre cambiantes desafíos que plantea la realidad, exigiendo nuevos
servicios y ministerios. La integración de todos ellos en la unidad de un único
proyecto evangelizador es esencial para asegurar una comunión misionera.
219.
Una
parroquia, comunidad de discípulos misioneros, requiere organismos que superen
cualquier clase de burocracia. Los Consejos Pastorales Parroquiales tendrán que
estar formados por discípulos misioneros constantemente preocupados por llegar
a todos. El Consejo de Asuntos Económicos junto a toda la comunidad parroquial,
trabajará para obtener los recursos necesarios, de manera que la misión avance
y se haga realidad en todos los ambientes. Estos y todos los organismos han de
estar animados por una espiritualidad de comunión misionera: “Sin este camino
espiritual de poco servirían los instrumentos externos de la comunión. Se
convertirían en medios sin alma, máscaras de comunión más que sus modos de
expresión y crecimiento”[90].
220.
Dentro
del territorio parroquial, la familia cristiana es la primera y más básica
comunidad eclesial. En ella se viven y se transmiten los valores fundamentales
de la vida cristiana. Se la llama “Iglesia Doméstica”[91].
Allí los padres son los primeros transmisores de la fe a sus hijos,
enseñándoles a través del ejemplo y la palabra, a ser verdaderos discípulos
misioneros. Al mismo tiempo, cuando esta experiencia de discipulado misionero
es auténtica, “una familia se hace evangelizadora de muchas otras familias y
del ambiente en que ella vive”[92].
Esto opera en la vida diaria “dentro y a través de los hechos, las
dificultades, los acontecimientos de la existencia de cada día”[93].
El Espíritu que todo lo hace nuevo actúa aun dentro de situaciones irregulares
en las que se realiza un proceso de transmisión de la fe, pero hemos de
reconocer que, en las actuales circunstancias, a veces este proceso se
encuentra dificultado.
5.3.3 Los diáconos permanentes,
discípulos misioneros de Jesús Servidor
221.
Algunos
discípulos y misioneros del Señor son llamados a servir a
222.
Cada
diácono permanente debe cultivar esmeradamente su inserción en el cuerpo
diaconal y una estrecha relación con su obispo, los presbíteros y demás
miembros del pueblo de Dios. Cuando están al servicio de una parroquia, es
necesario que los diáconos y presbíteros busquen el diálogo y trabajen en
comunión.
223.
Ellos
deben recibir una adecuada formación humana, espiritual, doctrinal y pastoral
con programas adecuados, que tengan en cuenta -en el caso de los que están
casados- a la esposa y su familia. Su formación los habilitará a ejercer con
fruto su ministerio en los campos de la evangelización, de la vida de las
comunidades, de la liturgia y de la acción social, especialmente con los más
necesitados, dando testimonio así de Cristo servidor al lado de los enfermos,
de los que sufren, de los migrantes y refugiados, de los excluidos y de las
víctimas de la violencia y encarcelados.
224.
La
presencia numérica de los diáconos permanentes ha crecido significativamente en
nuestras iglesias, aunque con desigual desarrollo y valoración.
5.3.4 Los fieles laicos y laicas,
discípulos y misioneros de Jesús Luz del mundo
225.
Los
fieles laicos son “los cristianos que están incorporados a Cristo por el
bautismo, que forman el pueblo de Dios y participan de las funciones de Cristo:
sacerdote, profeta y rey. Ellos realizan, según su condición, la misión de todo
el pueblo cristiano en el Iglesia y en el mundo”[94].
Son “hombres de
226.
Su
misión propia y específica se realiza en el mundo, de tal modo que con su
testimonio y su actividad contribuyan a la transformación de las realidades y
la creación de estructuras justas según los criterios del Evangelio. “El ámbito
propio de su actividad evangelizadora es el mismo mundo vasto y complejo de la
política, de realidad social y de la economía, como también el de la cultura,
de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los ‘mass media’,
y otras realidades abiertas a la evangelización, como son el amor, la familia,
la educación de los niños y adolescentes, el trabajo profesional y el
sufrimiento”[96]. Además, tienen el deber
de hacer creíble la fe que profesan mostrando autenticidad y coherencia en su
conducta.
227.
Los
laicos también están llamados a participar en la acción pastoral de
228.
Para
cumplir su misión con responsabilidad personal, los laicos necesitan una sólida
formación doctrinal, pastoral, espiritual y un adecuado acompañamiento para dar
testimonio de Cristo y de los valores del Reino en el ámbito de la vida social,
económica, política y cultural.
229.
Hoy
toda
230.
En
este contexto, el fortalecimiento de variadas asociaciones laicales,
movimientos apostólicos eclesiales e itinerarios de formación cristiana y
comunidades eclesiales y nuevas comunidades, que deben ser apoyados por los
pastores, son un signo esperanzador. Ellos ayudan a que muchos bautizados y
muchos grupos misioneros asuman con mayor responsabilidad su identidad
cristiana y colaboren más activamente en la misión evangelizadora. En las
últimas décadas, varias asociaciones y movimientos apostólicos laicales han
desarrollado un fuerte protagonismo. Es por ello que un adecuado
discernimiento, animación, coordinación y conducción pastoral, sobre todo de
parte de los sucesores de los Apóstoles, contribuirá a ordenar este don para la
edificación de la única Iglesia[100].
231.
Reconocemos
el valor y la eficacia de los Consejos parroquiales, Consejos diocesanos y nacionales de fieles Laicos, porque
incentivan la comunión y la participación en
5.3.5 Los consagrados y
consagradas, discípulos misioneros de Jesús Testigo del Padre
232. La vida consagrada es un don del Padre por
medio del Espíritu a su Iglesia[101],
y constituye un elemento decisivo para su misión[102].
Se expresa en la vida monástica, contemplativa y activa, los institutos
seculares, las sociedades de vida apostólica y otras nuevas formas. Es un
camino de especial seguimiento de Cristo, para dedicarse a él con un corazón
indiviso, y ponerse, como Él, al servicio de Dios y de la humanidad, asumiendo
la forma de vida que Cristo escogió para venir a este mundo: una vida virginal,
pobre y obediente[103].
233.
En
comunión con los Pastores, los consagrados y consagradas son llamados a hacer
de sus lugares de presencia, de su vida comunitaria y de sus obras, espacios de
anuncio explícito del Evangelio, principalmente a los más pobres, como lo han
hecho en nuestro continente desde el inicio de la evangelización. De este modo
colaboran, según sus carismas fundacionales con la gestación de una nueva
generación de cristianos discípulos y misioneros y de una sociedad en la que se
respete la justicia y la dignidad de la persona humana.
234.
Desde
su ser, la vida consagrada está llamada a ser experta en comunión, tanto al
interior de
235.
En un
continente en el cual se manifiestan serias tendencias de secularización, la
vida consagrada está llamada a dar testimonio de la absoluta primacía de Dios y
de su Reino. Ella se convierte en testigo del Dios de la vida en una realidad
que relativiza su valor (obediencia), es testigo de libertad frente al mercado
y a las riquezas que valoran a las personas por el tener (pobreza), y es
testigo de una entrega en el amor radical y libre a Dios y a la humanidad
frente a la erotización y banalización de las relaciones (castidad).
236.
En la actualidad de América Latina y El Caribe, la vida consagrada
está llamada a ser una vida discipular,
apasionada por Jesús-camino al Padre misericordioso, por lo mismo, de carácter
profundamente mística y comunitaria. Está llamada a ser una vida misionera, apasionada por el anuncio
de Jesús-verdad del Padre, por lo mismo, radicalmente profética, capaz de
mostrar a la luz de Cristo las sombras del mundo actual y los senderos de vida
nueva, para lo que se requiere un profetismo que aspire hasta la entrega de la
vida en continuidad con la tradición de santidad y martirio de tantas y tantos
consagrados a lo largo de la historia del continente. Y al servicio del mundo,
apasionada por Jesús-vida del Padre, que se hace presente en los más pequeños y
en los últimos a quienes sirve desde el propio carisma y espiritualidad.
237.
De manera especial, América Latina y El Caribe necesitan de la vida
contemplativa, testigo de que sólo Dios basta para llenar la vida de sentido y
de gozo. “En un mundo que va perdiendo el sentido de lo divino, ante la
supervaloración de lo material, ustedes queridas religiosas, comprometidas
desde sus claustros en ser testigos de unos valores por los que viven, sean
testigos del Señor para el mundo de hoy, infundan con su oración un nuevo soplo
de vida en
238.
El
Espíritu Santo sigue suscitando nuevas formas de vida consagrada en
239.
Las
Confederaciones de Institutos Seculares (CISAL)
y de religiosas y religiosos (CLAR) y
sus Conferencias Nacionales son estructuras de servicio y de animación que, en
mutua relación con los Pastores, en comunión y diálogo fecundo y amistoso[105],
están llamadas a estimular a sus miembros a realizar la misión como discípulos
y misioneros al servicio de Reino de Dios.
240.
Los
pueblos latinoamericanos y caribeños esperan mucho de la vida consagrada,
especialmente del testimonio y aporte de las religiosas contemplativas y de
vida apostólica que, junto a los demás hermanos religiosos, miembros de
Institutos Seculares y Sociedades de Vida Apostólica, muestran el rostro
materno de
5.4 Los que han dejado
241.
Según
nuestra experiencia pastoral muchas veces la gente sincera que sale de nuestra
Iglesia no lo hace por lo que los grupos “no católicos” creen, sino
fundamentalmente por lo que ellos viven; no por razones doctrinales sino
vivenciales; no por motivos estrictamente dogmáticos, sino pastorales; no por
problemas teológicos sino metodológicos de nuestra Iglesia. En verdad, mucha
gente que pasa a otros grupos religiosos no está buscando salirse de nuestra
Iglesia sino que está buscando sinceramente a Dios.
242.
Hemos
de reforzar en nuestra Iglesia cuatro ejes:
a) La
experiencia religiosa. En
nuestra Iglesia debemos ofrecer a todos nuestros fieles un “encuentro personal
con Jesucristo”, una experiencia religiosa profunda e intensa, un anuncio
kerigmático y el testimonio personal de los evangelizadores, que lleve a una
conversión personal y a un cambio de vida integral.
b)
c) La
formación bíblico-doctrinal. Junto con una fuerte experiencia religiosa y una destacada convivencia
comunitaria, nuestros fieles necesitan profundizar el conocimiento de
d) El
compromiso misionero de toda la comunidad. Ella sale al encuentro de los alejados, se interesa
de su situación, a reencantarlos con
5.5 Diálogo ecuménico e
interreligioso
5.5.1 Diálogo ecuménico para que el
mundo crea
243.
La
comprensión y la práctica de la eclesiología de comunión nos conduce al dialogo
ecuménico. La relación con los hermanos y hermanas bautizados de otras iglesias
y comunidades eclesiales es un camino irrenunciable para el discípulo y
misionero[107], pues la falta de unidad
representa un escándalo, un pecado y un atraso del cumplimiento del deseo de
Cristo: “Que todos sean uno, lo mismo que lo somos tu y yo, Padre y que también
ellos vivan unidos a nosotros para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn
17, 21).
244.
El
ecumenismo no se justifica por una exigencia simplemente sociológica sino
evangélica, trinitaria y bautismal: “expresa la comunión real, aunque
imperfecta” que ya existe entre “los que fueron regenerados por el bautismo” y
el testimonio concreto de fraternidad[108].
El magisterio insiste en el carácter trinitario y bautismal del esfuerzo
ecuménico, donde el diálogo emerge como actitud espiritual y práctica, en un
camino de conversión y reconciliación. Solo así llegará “el día en que podremos
celebrar, junto con todos los que creen en Cristo, la divina Eucaristía”[109].
Una vía fecunda para avanzar hacia la comunión es recuperar en nuestras
comunidades el sentido del compromiso del Bautismo.
245.
Hoy
se hace necesario rehabilitar la auténtica apologética que hacían los padres de
246.
A
veces olvidamos que la unidad es ante todo un don del Espíritu Santo, y oramos
poco por esta intención. “Esta conversión del corazón y esta santidad de vida,
juntamente con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los
cristianos, han de considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico y
con razón puede llamarse ecumenismo espiritual”[110].
247.
Hace
más de cuarenta años el Concilio Vaticano II reconoció la acción del Espíritu
Santo en el movimiento por la unidad de los cristianos. Desde entonces hemos
recogido muchos frutos. En este campo necesitamos más agentes de diálogo y
mejor calificados. Es bueno hacer más conocidas las declaraciones que la propia
Iglesia Católica ha suscrito en el campo del ecumenismo desde el Concilio. Los
diálogos bilaterales y multilaterales han producido buenos frutos. También es
oportuno estudiar el Directorio ecuménico
y sus consecuencias para la catequesis, la liturgia, la formación presbiteral y
la pastoral[111]. La movilidad humana,
característica del mundo de hoy, puede ser ocasión propicia del dialogo
ecuménico de la vida[112].
248.
En
nuestro contexto, el surgimiento de nuevos grupos religiosos, más la tendencia
a confundir el ecumenismo con el diálogo interreligioso, han obstaculizado el
logro de mayores frutos en el diálogo ecuménico, Por lo mismo alentamos a los
ministros ordenados, a los laicos y a la vida consagrada a participar de
organismos ecuménicos y realizar acciones conjuntas en los diversos campos de
la vida eclesial, pastoral y social. En efecto, el contacto ecuménico favorece
la estima recíproca, convoca a la escucha común de la palabra de Dios y llama a
la conversión a los que se declaran discípulos y misioneros de Jesucristo.
Esperamos que la promoción de la unidad de los cristianos, asumida por las
Conferencias Episcopales, se consolide y fructifique bajo la luz del Espíritu
Santo.
249.
En
esta nueva etapa evangelizadora, queremos que el diálogo y la cooperación ecuménica
se encaminen a suscitar nuevas formas de discipulado y misión en comunión. Cabe
observar que donde se establece el diálogo diminuye el proselitismo, crece el
conocimiento recíproco, el respeto y se abren posibilidades de testimonio
común. Un paso en esta dirección es el encuentro con interlocutores
pentecostales responsables y fraternos que comparten la estima, la oración y el
estudio.
250.
Como
respuesta generosa a la oración del Señor “que todos sean uno” (Jn 17, 21), los
Papas nos han animado a avanzar pacientemente en el camino de la unidad. Juan
Pablo II nos exhorta: “En el valiente camino hacia la unidad, la claridad y
prudencia de la fe nos llevan a evitar el falso irenismo y el desinterés por
las normas de
5.5.2 Relación con el judaísmo y
diálogo interreligioso
251.
Reconocemos
con gratitud los lazos que nos relacionan con el pueblo judío, con el cual nos
une la fe en el único Dios y su Palabra revelada en el Antiguo Testamento[115].
Son nuestros “hermanos mayores” en la fe de Abraham, Isaac y Jacob. Nos duele
la historia de desencuentros que han sufrido, también en nuestros países. Son
muchas las causas comunes que en la actualidad reclaman mayor colaboración y
aprecio mutuo.
252.
Por
el soplo del Espíritu Santo y otros medios de Dios conocidos, la gracia de
Cristo puede alcanzar a todos los que Él redimió, más allá de la comunidad
eclesial, todavía de modos diferentes[116].
Explicitar y promover esta salvación ya operante en el mundo es una de las
tareas de
253.
El
diálogo interreligioso, en especial
con las religiones monoteístas, se fundamenta justamente en la misión que
Cristo nos confió, solicitando la sabia articulación entre el anuncio y el diálogo como elementos constitutivos de la
evangelización[117].
Con tal actitud,
254.
Aún
cuando el subjetivismo y la identidad poco definida de ciertas propuestas
dificulten los contactos, eso no nos permite abandonar el compromiso y la
gracia del diálogo[120].
En lugar de desistir, hay que invertir en el conocimiento de las religiones, en
el discernimiento teológico-pastoral y en la formación de agentes competentes
para el diálogo interreligioso, atendiendo a las diferentes visiones religiosas
presentes en las culturas de nuestro continente. El diálogo interreligioso no
significa que se deje de anunciar
255.
El
diálogo interreligioso, además de su carácter teológico, tiene un especial
significado en la construcción de la nueva humanidad: abre caminos inéditos de
testimonio cristiano, promueve la libertad y dignidad de los pueblos, estimula
la colaboración por el bien común, supera la violencia motivada por actitudes
religiosas fundamentalistas, educa a la paz y a la convivencia ciudadana: es un
campo de bienaventuranzas en la huella de
CAPÍTULO 6
6.1 Una espiritualidad trinitaria del encuentro con Jesucristo
256. Una auténtica propuesta de encuentro con
Jesucristo debe establecerse sobre el sólido fundamento de
257.
Es
Dios Padre quien nos atrae por medio de la entrega eucarística de su Hijo (cf.
Jn 6, 44), don de amor con el que salió al encuentro de sus hijos, para que,
renovados por la fuerza del Espíritu, lo podamos llamar Padre: “Cuando llegó la
plenitud de los tiempos, Dios envió a su propio Hijo, nacido de una mujer,
nacido bajo el dominio de la ley, para liberarnos del dominio de la ley y hacer
que recibiéramos la condición de hijos adoptivos de Dios. Y porque ya somos sus
hijos, Dios mandó el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, y el Espíritu
clama: ¡Abbá! ¡Padre!” (Gál 4, 4-5). Se trata de una nueva creación, donde el
amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, renueva la vida de las
criaturas.
258.
En la
historia de amor trinitario, Jesús de Nazaret, hombre como nosotros y Dios con
nosotros, muerto y resucitado, nos es dado como Camino, Verdad y Vida. En el
encuentro de fe con el inaudito realismo de su Encarnación, hemos podido oír,
ver con nuestros ojos, contemplar y palpar con nuestras manos
6.1.1 El encuentro con Jesucristo
259.
El
acontecimiento de Cristo es, por lo tanto, el inicio de ese sujeto nuevo que
surge en la historia y al que llamamos discípulo: “No se comienza a ser
cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un
acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con
ello, una orientación decisiva”[122].
Esto es justamente lo que, con presentaciones diferentes, nos han conservado
todos los evangelios como el inicio del cristianismo: un encuentro de fe con la
persona de Jesús (cf. Jn. 1, 35-39).
260.
La
naturaleza misma del cristianismo consiste, por lo tanto, en reconocer la
presencia de Jesucristo y seguirlo. Esa fue la hermosa experiencia de aquellos
primeros discípulos que, encontrando a Jesús, quedaron fascinados y llenos de
estupor ante la excepcionalidad de quien les hablaba, ante el modo cómo los
trataba, correspondiendo al hambre y sed de vida que había en sus corazones. El
evangelista Juan nos ha dejado plasmado el impacto que produjo la persona de
Jesús en los dos primeros discípulos que lo encontraron, Juan y Andrés. Todo
comienza con una pregunta: “¿qué buscan?” (Jn 1, 38). A esa pregunta siguió la
invitación a vivir una experiencia: “vengan y lo verán” (Jn 1, 39). Esta
narración permanecerá en la historia como síntesis única del método cristiano.
261.
En el
hoy de nuestro continente latinoamericano, se levanta la misma pregunta llena
de expectativa: “Maestro, ¿dónde vives?” (Jn 1, 38), ¿dónde te encontramos de
manera adecuada para “abrir un auténtico proceso de conversión, comunión y
solidaridad?”[123] ¿Cuáles son los lugares,
las personas, los dones que nos hablan de ti, nos ponen en comunión contigo y
nos permiten ser discípulos y misioneros tuyos?
6.1.2 Lugares de encuentro con
Jesucristo
262.
El
encuentro con Cristo, gracias a la acción invisible del Espíritu Santo, se
realiza en la fe recibida y vivida en
263.
Encontramos
a Jesús en
264.
Se
hace, pues, necesario proponer a los fieles
265.
Entre
las muchas formas de acercarse a
266.
267.
Encontramos
Jesucristo, de modo admirable, en
268.
Se
entiende así la gran importancia del precepto dominical, del “vivir según el
domingo”, como una necesidad interior del creyente, de la familia cristiana, de
la comunidad parroquial. Sin una participación activa en la celebración
eucarística dominical y en las fiestas de precepto no habrá un discípulo
misionero maduro. Cada gran reforma en
269.
A las
miles de comunidades con sus millones de miembros que no tienen la oportunidad
de participar de
270. &