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Un Papa para el tiempo que despunta:
Obispo de Roma y Pastor Universal
Prefacio: El momento favorable
“Reconoced ahora el momento favorable” (2 Cor. 6) para que Católicos
y Católicas en el mundo entero reflexionen sobre el tipo de liderazgo,
y lo que es más aún, sobre el modelo de glesia que necesitamos
en el milenio venidero.
El Concilio Vaticano II (1962-65) nos invitó a todas y a todos
a leer los signos de los tiempos a la luz del Evangelio. Exhortó
a nuestra comunidad de fe a la renovación perpetua. Hemos intentado
ser fieles a ese llamado al examinar la vida de nuestra iglesia y la necesidad
que sentimos de un Obispo de Roma que sepa liderar nuestra comunidad de
fe en un „agape universal“ o asamblea de caridad.
El milenio que termina ha sido una época de división entre
Cristianos. Nos anima la esperanza de que el tercer milenio sea una época
de reconciliación y de unidad.
En este espíritu, el Papa Juan Pablo II invitó a todos
los Cristianos a meditar sobre el futuro del papado, a „que busquemos –
por supuesto juntos – las formas con las que este ministerio [de Pedro]
pueda realizar un servicio de fe y de amor reconocido por unos y otros
.... encontrar una forma de ejercicio del primado que, sin renunciar
de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una
situación nueva.“ (Ut Unum Sint, No. 95).
Al mismo tiempo se alzan voces dentro del Consejo Mundial de las
Iglesias para llamar a todas las Iglesias Cristianas a comprometerse en
el ano 2000 a iniciar la preparación de un Concilio Cristiano Universal.
Sumamos nuestras voces a estos llamados y declaramos nuestra disponibilidad
para renovar a nuestra comunidad de fe a la luz de los signos de nuestro
tiempo y para dialogar y cooperar con otras iglesias sobre la base de la
igualdad.
Para lograr estos suenos ofrecemos nuestras reflexiones sobre
las cualidades requeridas en nuestra época por el próximo
Obispo de Roma. Compartimos nuestros pensamientos en el espíritu
de la mujer del Evangelio que mezcló un poco de levadura con harina
para que su pan creciera y nutriera una comunidad. He aquí nuestra
„levadura“.
Un Modelo de Iglesia para nuestro Tiempo: Siempre
Antigua, Siempre Nueva
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Para construir una Iglesia vibrante en el milenio venidero, necesitamos
volver a escuchar a Jesús y sus primeros discípulos que predicaban
la igualdad de todas las personas (Mat. 23; 11-12; Luc 22: 24-26; Gal.
3:28).
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Necesitamos construir estructuras en nuestra Iglesia que sean el reflejo
de la igualdad, para que podamos vivir, orar y servirnos mutuamente en
un „discipulado de iguales.“ Sólo entonces seguiremos el ejemplo
de Jesús que envía al Espíritu, no para un pequeno
grupo sino para la integralidad de la comunidad de fe. Sólo entonces
viviremos las ensenanzas del Concilio Vaticano II que nos reconoce a todos
y a todas como Pueblo de Dios, co-responsables en la toma de decisiones
de la vida de nuestra Iglesia.
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Tenemos que volver a una Iglesia que valore el diálogo y la justicia
en el seno de su propia vida así como en su acercamiento al mundo.
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Tenemos que restablecer una Iglesia que respete y celebre nuestra diversidad
planetaria, una Iglesia en la que reine la libertad de vivir nuestra fe
de diferentes maneras en diferentes culturas.
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Tenemos que resucitar una Iglesia que reconozca la importancia de las Iglesias
locales en las que se proclame la Palabra de manera que pueda comprenderse
en las culturas locales. La construcción de esta Iglesia rescatada
es la labor de la integralidad del Pueblo de Dios, no sólo del Obispo
de Roma, de otros obispos y del clero.
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Empezamos instando a que se reinstaure la práctica de la Iglesia
primitiva y se desarrollen estructuras que le permitan al Pueblo de Dios
participar de manera eminente en la elección de quienes hayan de
dirigir la Iglesia. Esto inlcuiría la elección del Papa,
el Obispo de Roma. Esta renovación de una tradición antigua
sería el reconocimiento de la acción del Espíritu
en comunión con los fieles.
El próximo Obispo de Roma
Sería una ayuda importante en la renovación de nuestra
Iglesia que hubiese un lider capaz de leer los „signos de los tiempos“
en concierto con el pueblo, un Obispo de Roma colaborador, capaz tanto
de escuchar como de proclamar, de dialogar como de ensenar. Nesecitamos
un lider que realmente acoja y consulte el sensus fidelium (sentido de
los fieles).
Antetodo necesitamos un lider que que reconozca el despertar de la conciencia
de las mujeres como un „signo de nuestros tiempos“ significativo. Las mujeres
que respresentan más de la mitad de nuestra Iglesia han adquirido
la conciencia de su dignidad e igualdad con los varones. Están instanto
a la comunidad de fe a que respete e implemente esta igualdad en el seno
de su propia vida.
Necesitamos un Obispo de Roma que respete las diferencias entre cada
cual y que nos desafíe a vivir el Evangelio.
Necesitamos un Papa que distinga entre su ministerio pastoral como Obispo
de Roma y el ministerio de Pedro en el cual se encuentra en diálogo
con la Iglesia universal. Como Obispo de Roma el le serviría a los
fieles de Roma tal y como le incumbe a cualquier obispo diocesano. Como
presidente de un agape mundial actuaría como un hermano obispo que
invitaría a los obispos de todo el mundo a compartir el liderazgo
con él y con otros miembros del Pueblo de Dios llamados para ello
por los fieles. En este espíritu reformaría la Curia (el
gabinete papal) para que, en vez de dominar, esta sirva a los demás
obispos y a la Iglesia universal.
Pero antetodo, necesitamos un Obispo de Roma
y un Pastor Universal que sea:
-
un líder visionario que promueva un profundo discernimiento respecto
al ministerio eclesial por todo el Pueblo de Dios y llame a todos y a todas
a considerar la posibilidad de acoger favorablemente a quien tenga la aptitud
necesaria para responder al llamado a un ministerio, sin reparar en su
género, su estado de vida o su disposición hetero u homosexual.
-
un respetuoso de la conciencia de los Católicos y Católicas
que impulse un genuino diálogo público sobre las teologías,
la doctrina moral y la politica dentro de la Iglesia para que nuestra comunidad
de fe pueda compartir experiencias, comenzar a curar su alienación
y resucitar un sentido de unidad y el entusiasmo por la fe;
-
un pastor que anime la libertad académica para los teólogos
y teólogas y para otros estudiosos con el fin de promover una diversidad
sana de opiniones en la Iglesia;
-
un reconciliador que acoja a „liberales“ y „conservadores“ para compartir
la misma Iglesia;
-
un líder que reconozca el pluralismo cultural en la Iglesia y celebre
la diversidad que florece en diferentes partes de nuestro mundo;
-
un colaborador con sensibilidad histórica dispuesto a restablecer
la tradición de la plena participación del pueblo en la Iglesia,
que invite a todos los Católicos y Católicas a compartir
el gobierno y la toma de decisiones, incluyendo la elección de líderes
eclesiales;
-
un pionero que invite a tomar inciativas y a experimentar y que solicite
a los Católicos y Católicas a desarrollar un sentido adulto
de responsabilidad por su comunidad de fe;
-
un ecumenista que se comprometa en un diálogo serio con los Cristianos
de las tradiciones de la Reforma y de la Ortodoxia en un esfuerzo por lograr
el sueno de la unidad de la Cristiandad;
-
un hermano del pueblo judío que obre por el desmantelamiento de
todo vestigio de antisemitismo y construya lazos fuertes de parentezcco
espiritual reconociendo la herencia común que nos proviene de Abrahán
y Sara;
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un estudioso de las demás tradiciones religiosas, fuera del Cristianismo
y Judaismo, que apruebe el diálogo interreligioso y procure aprender
de la rica diversidad de comprensiones de estas tradiciones;
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un amante cuyos brazos se abran para estrechar en ellos al mundo y cuya
política sea expresión de una especial solidaridad con los
pobres y oprimidos;
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un profeta que incansablemente promueva la justicia, la igualdad, la paz
y la no-violencia en nuestro mundo como en nuestra Iglesia;
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un amante de la Tierra que reconozca y promueva la integridad de la creación;
-
un alma generosa con sentido de humor y
-
un Hermano Obispo que feliz sepa cerrar las trampas de los poderosos de
este mundo (Luc 22: 25-26) para acompanarnos en nuestro camino hacia la
recreación entre todos y todas de nuestra comunidad de fe para que
el Espíritu de Jesús cobre vida en el tercer milenio.
Lo que necesitamos en el milenio venidero
es un Obispo de Roma que sea un Pastor Universal.
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