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Un llamamiento de la Red Europea Iglesia por la Libertad

“Decididos a sentar las bases de una unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa, decididos a velar por una acción conjunta de los progresos económicos y sociales de sus países mediante la eliminación de las barreras que dividen Europa, teniendo como objetivo principal el perfeccionamiento constante de condiciones de vida y empleo de sus pueblos", los 6 países fundadores de Europa, firmaron el 25 de marzo de 1957, hace 60 años, el Tratado de Roma, que fue el origen de la Unión Europea. ¿Qué hay actualmente de Europa? ¿Podemos celebrar este 60 aniversario, con fiestas y celebraciones como en el cincuenta aniversario? Deberemos hacer un análisis serio de la situación y de la crisis de Europa, como ciudadanos y como cristianos.

Nuestra Europa de hecho se enfrenta a grandes cambios de la estructura geopolítica mundial, a la "financiarización" de las relaciones económicas y políticas entre los países del mundo. Se ha operado un cambio de paradigma: en lugar de poner las finanzas al servicio de los pueblos de Europa, los pueblos se han puesto al servicio de las finanzas, y no logran organizarse con eficacia para oponerse a esta dominación.

Igualmente, se enfrenta a una “tercera guerra mundial” distribuida en distintas partes del mundo, en especial en Oriente Medio, donde la situación se debe en gran parte a decisiones y comportamientos de la Europa occidental y, lo más grave, a un nuevo presidente de los Estados Unidos que genera sospechas e inquietudes en Europa y en todo el mundo. A migraciones en magnitudes importantes, a un terrorismo ciego que pretende utilizar la religión para imponer su visión retrógrada del mundo, a una crisis económica que se ha vuelto social a causa del paro masivo engendrado, que ha golpeado especialmente a los jóvenes y ha destruido antiguas solidaridades, hasta unas finanzas cada vez más protegidas en detrimento de los más débiles, lo que acrecienta cada vez más las desigualdades en todo el mundo, incluso en el interior de los distintos países.

Se enfrenta también Europa a otras crisis. Unas han surgido más recientemente (Latinoamérica), otras son más persistentes (África sub-sahariana). A organizaciones criminales que utilizan la mundialización para mundializarse y prosperar. En el Este, la perspectiva no es la distensión sino la creación de nuevas barreras rearmadas que llevan a determinados países a mantener y modernizar su arsenal nuclear existente, a la vez que desarrollan las armas convencionales: el mercado armamentístico prospera y los militares siguen manteniendo e imponiendo su presencia en numerosas áreas. A todo ello hay que añadir cómo prosigue la degradación del medio ambiente del planeta, a pesar de las decisiones positivas de la COP21.

Frente a estos cambios y estas crisis, Europa “renuncia” cada vez más a los valores que han sido el origen de su creación y de su dinámica. ¿Dónde está, en efecto, la protección de los derechos humanos sin discriminaciones, de la paz en el interior como premisa de una relación nueva entre todos los pueblos, y entre el Norte y el Sur? ¿Qué es de la justicia económica y social, de la solidaridad y de la protección de los más débiles? ¿Qué es de la participación de los ciudadanos de Europa en la preparación de las decisiones que les afectan, qué de las estructuras y los espacios de diálogo y de concertación? Los ciudadanos están alejados cada vez más de los centros de decisión y son consultados cada vez menos. Sufren un número cada vez mayor una crisis económica larga y pesada que les hacen una vida cada vez más difícil.

Tienen la impresión de estar siendo invadidos por unos migrantes de culturas y religiones distintas y de perder así sus puntos de referencia socio-culturales. La pérdida de sentido y la sensación de inseguridad que de ello se deriva, llevan a mucha gente de todas partes a refugiarse en un fundamentalismo falsamente seguro y a caer en el peor populismo. Las fuerzas democráticas y pro-europeas se encuentran en dificultad y no saben, o no quieren, tratar con equidad entre los distintos países, estos problemas y en especial la ola de migrantes.

Esta crisis en la construcción inacabada de la Europa política es tan profunda y difícil que, a pesar de su considerable éxito que le valió, entre otros, el Premio Nobel de la Paz, a pesar de sus importantes logros que le han valido entre otros el premio Nobel de la Paz, Europa ha perdido parte de su atractivo, lo cual ha provocado una creciente desafección de sus ciudadanos que puede conducir poco a poco a la desunión. Algunos hablan ya de su disolución. El Brexit supone una primera señal negativa que refuerza las fuerzas separatistas de los diferentes países. Europa no supo aprovechar aquella ocasión única de la caída del muro de Berlín para haber establecido unas relaciones más equilibradas y equitativas entre los Estados y los continentes, lo que hubiera permitido una política de desarme. ¿Sabrá ahora aprovechar estas crisis internas y externas para recuperar el espíritu de sus padres fundadores, organizarse para responder con más eficacia a las necesidades y llamadas de sus pueblos, y superar así los desafíos a los que tiene que enfrentarse?

Estos interrogantes nos interpelan como cristianos y como ciudadanos de Europa. Por ello, apoyándonos en el Evangelio, en las intuiciones del Concilio Vaticano II, haciendo referencia al magisterio del papa Francisco, urgidos a actuar políticamente por nuestra fe en Jesús e inspirados por su Espíritu, teniendo fe en la salud de la creación, como canta San Francisco en su Cántico de las Creaturas, lanzamos el siguiente llamamiento:

  • Por una Europa unida, enriquecida con la diversidad de sus tradiciones, de sus lenguas, de su historia, de las corrientes de pensamiento y de religiones que la han conformado, y practicando el diálogo y los intercambios que hagan que sus ciudadanos se reconozcan como tales mutuamente.
  • Por una Europa que tenga como alma la preocupación por el bienestar material y espiritual de cada ciudadano, sin ninguna discriminación en el respeto a los Derechos Humanos, la solidaridad, la justicia social y económica, la acogida al extranjero, las espadas convertidas en arados, el deseo de paz, la acción conjuntada y las relaciones de fraternidad entre todas las personas, cualquiera que sea su religión o su filosofía.
  • Por un “new deal” (nuevo acuerdo) para Europa para que las instituciones europeas se opongan al poder del dinero y sitúen a las personas en el centro de sus preocupaciones, como ha recalcado el papa Francisco; para que se pongan en práctica, de una manera coordinada, aquellas reformas políticas y económicas que conduzcan a una recuperación económica solidaria entre los países de Europa, para su dinamización equitativa y la reducción del paro, en especial el de los jóvenes, que deben ser acogidos en el mundo de los adultos.

Para oponerse en todas partes, tanto las comunidades cristianas como las Iglesias, a la ola destructiva, fundamentalista e identitaria que recorre Europa. Esta ola, que entre otros se refiere a una idea antigua y antievangélica de “civilización cristiana”, es contraria al espíritu de Jesús ya que contiene en sí el germen del racismo, la exclusión y la violencia. En todo tiempo y lugar hay que decir enérgicamente no a esta vuelta al pasado -cercano o lejano- que debe ser muy bien pensado desde unos sentimientos de humildad y de arrepentimiento.

Actuemos juntos sin falta y con gran energía para construir “otra Europa”, y a través de ello, contribuir incluso a transformar el mundo en un mundo de paz, de justicia social y económica, un mundo de fraternidad y de solidaridad en el que cada persona pueda desarrollarse cualesquiera sean sus convicciones, su religión o su filosofía, dentro del respeto a lo de los demás.

Red Europea Iglesia por la Libertad

Roma, 25 Marzo 2017

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